OPINIÓN / ¡Sotolandia!


El discurso político local tiene su carga de profundidad cuando va acompañado de procesos reales de rendición de cuentas.

Ese es el uso del Poder. El ejercicio democrático que le permite a desfallecientes partidos o movimientos políticos, decirle a sus electores, lo realizado. La entrega del examen: no llegar a las urnas sino fortalecer el voto con un mandato ciudadano por el que se votó.


Por eso, hay nuevos centros de poder en Risaralda y los representa en las urnas, el partido de la U. El que orientan el senador Soto y el Representante Burgos, con disciplina y trabajo. Además – bueno es resaltar – son los únicos que entregan con responsabilidad social y política, el informe sobre lo actuado.

Otros congresistas del Risaralda, no se dan por entendidos sobre la evaluación del ciudadano a su trabajo legislativo, a su empeño por la región y en la defensa de un diálogo plural para acrecentar estos espacios democráticos.

Ojalá, dicha revisión sobre lo actuado, fuese  hecho de manera responsable por la misma sociedad y no contentarnos con sufragar por personas o partidos que se apartan de sus principios y la legitimidad en ese ejercicio del Poder.

Requerimos Protagonistas y no Observadores. No podemos ser simples espectadores de la responsabilidad elegida con plan de desarrollo y programa de gobierno por cumplir. Un valorar ciudadano para tener un voto reflexivo. De autoridad y no de canje. Que dignifique con conocimiento su agenda de gobierno.

Es bueno, por eso, que los congresistas Soto y Burgos, entreguen instrumentos de análisis, de diálogo, de transparencia y legitimidad. Igual,  deben hacerlo otros congresistas mudos, más preocupados – el grueso de ellos – por ser representantes clandestinos, anónimos, que burla – burlando, son fantasmas elegidos y sin brillo que atraen pesadilla  en el sistema político nuestro.

Sumado al desencanto, a la falta de confianza y credibilidad  que desde otras elecciones populares, el ciudadano asume con temor. Un ejemplo, perverso de lo que se viene, es que la elección de base de las juntas de acción comunal previstas para abril, no sean tomadas por quienes al filo de la ley, se alistan para intervenir en nombre de delincuentes o de mafias, o de grupos dudosos para permear  tejidos primarios de la vereda, el barrio, el municipio, la corregiduría y la sociedad civil toda.

Estamos – es cierto y no lo pueden negar otros actores políticos- en  el departamento de ¡SOTOLANDIA! No es despectivo, es un reconocimiento a su trabajo consolidado.

Los informes de 21 páginas del senador Soto y de 9 del ingeniero Burgos, son muestra decente para con el elector: ¡rendición de cuentas con responsabilidad política y social!

Proyectos de ley presentados a consideración del Congreso, de los que han sido ponentes y coautores, los  tramitados en Comisión, las leyes relevantes sancionadas en el semestre,  la preocupación permanente  que determina los montos que recibirá Risaralda  bajo el concepto de regalías. Y  la gestión parlamentaria cumplida.

Igual, las dignidades recibidas por ambos como  codirectores del Partido de la U y la Presidencia de la Comisión séptima de Burgos y la calidad de presidente de la Comisión de Vigilancia al organismo electoral, del senador Soto.

Ahí radica la diferencia. El trabajo en orden, con mística y de manera permanente que tanto irrita, contrapuesto a silvestres, a artesanales trabajadores de la arcilla política. A protuberantes ruedas sueltas del eslabón político siniestro que alimentan con desbordados costos, con personajillos extraviados, con clientelas pesadas y amorfas que sin discurso, caen en sus propias trampas. En sus propias mentiras y deslealtades. En el abismo al que conducen al forzado elector porque no logran planificar su mismo desorden.

Por eso son renovados: ejercen una política liviana y decadente. Efímera. De pasarela, cosmética, de espaldas al ciudadano al que le confiaron su voto.

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