Gilberto Murillo, Gobernador del Chocó, ha venido a Bogotá a suplicar ayuda del gobierno nacional, frente al paro armado que determinó en su región la guerrilla de las Farc y la intimidación generalizada impuesta por los violentos.
“Es el único departamento donde se ha decretado un paro armado, donde las Farc está retando a la institucionalidad de todo el país”, dijo Murillo.
“Realmente estamos viviendo una situación de terror y el Gobierno debe asumir acciones extraordinarias para superarla”.
El Gobierno ha sido receptivo comenta el mandatario:
-Van a tomar algunas medidas extraordinarias, pero yo estoy insistiendo en la celeridad, porque el Chocó está en medio de una crisis. Es una urgencia la que tenemos y esto lo que ha hecho es exacerbar la situación en la que viene el departamento, porque si la gente no tiene confianza es porque falta Estado e institucionalidad.
Murillo admite que hay esfuerzos del gobierno central por enfrentar la situación, pero resultan insuficientes:
Ha habido incremento del pie de fuerza en Chocó, se han tomado medidas, hay mucha presencia de las FF.MM y de Policía, en todo el departamento. Sin embargo, tenemos puntos críticos, como el municipio de Bojayá, donde se ha presentado desabastecimiento de alimentos.
Lo que estamos pidiendo al Gobierno Nacional es que se nos garantice el aumento de pie de fuerza determinado para contrarrestar el paro armado. Si retiran esos puestos de control volvemos a cosas peores. Es el temor que tenemos.
El miércoles anterior en la noche, según el periodista Harold Abueta, Quibdó se paralizó por cuenta de un mensaje distribuido por BlackBerry, que amenazaba a quienes no estuvieran encerrados en sus casas, a partir de las 8 de la noche.
“Si son ladrones les mocharán las manos y los pies. Si son inocentes, no respondemos”, decía el mensaje que todos entendieron como cierto. La ciudad quedó solitaria.
Los colegios nocturnos cerraron. También el Sena y la Universidad Tecnológica del Chocó. Algunos profesores universitarios, temerosos del peligro latente que rodeaba la ciudad, decidieron ponerles cerrojo a los salones de clase. Quibdó parecía una ciudad fantasma.
Algunos periodistas locales –cuenta Abueta, de KienyKe se aventuraron a recorrer las calles y apenas vieron unos pocos transeúntes en las esquinas y andenes. El mensaje de BlackBerry había hecho su efecto. La gente se tragó el cuento de que un bloque de las Farc recorrería la ciudad y, como si se tratara de una historieta del viejo oeste norteamericano, los sicarios dispararían indiscriminadamente contra quien no acataran la orden.
El miedo no estaba solo. Venía acompañado de un paro armado ordenado por las Farc que, ocho días atrás, a través de un panfleto, impidió el tránsito vehicular en las dos carreteras que comunican a la capital con Risaralda y Antioquia. El creciente número de asesinatos, diez en los últimos ocho días, producto de un enfrentamiento entre bandas criminales, terminaba de decorar el tétrico cuadro de un día tristemente memorable.
Sin embargo, la noche transcurrió en calma. Cientos de policías recorrieron la ciudad y no encontraron ningún frente de las Farc y mucho menos miembros de las bandas criminales, como se había advertido. Al día siguiente, con el clarear del día, poco a poco la ciudad salió del silencio y el miedo.
La alcaldesa de Quibdó, Zulia Mena, no podía creerlo. Dijo que se trató de un acto de terrorismo digital, que ya llegó hasta esta apartada ciudad del país que no está acostumbrada a la violencia. Aseguró que como la cultura chocoana es oral, un rumor se propaga y se vuelve verdad. “Aquí hay más sensación de inseguridad que lo que realmente está pasando. No podemos seguirle el juego a quienes nos quieren atemorizar. Tenemos, más bien, que salir a enfrentar a los delincuentes”.
Así terminó una noche de terror en un pueblo pacífico, y las nuevas generaciones conocieron el poder que puede llegar a tener un rumor. El 7 de marzo de 2012 será recordado como el día en que un mensaje de texto paralizó a Quibdó.


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