Comenzamos por agradecer a las decenas de personas que nos alentaron con sus mensajes a expresar nuestras opiniones sobre el fallido Acto Legislativo de Reforma a la Justicia. Muchas de ellas nos manifestaron su disposición de iniciar la recolección de firmas para el Referendo Revocatorio de tal adefesio. Entonces, manifestamos que era prudente esperar a saber qué sucedería con ella para no perder esfuerzos ni tiempo. Y con los resultados por todos conocidos, no perdimos ni lo uno ni lo otro.
A pesar del esfuerzo del Gobierno por explicar su posición y pedir el archivo de la Reforma a la Justicia, petición unánimemente acogida por el Congreso, cuyas integrantes también fueron prolijos en explicaciones no convincentes, puesto que las tomamos más como tontas disculpas, estas dos ramas del poder público quedaron maltrechas, con profundas fisuras en sus relaciones, que -sin duda- harán más difíciles sus relaciones en la próxima legislatura. La coalición de la Unidad Nacional queda resquebrajada. La burda rechifla al Ministro del Interior al cierre de la sesión de la Cámara de Representantes, es un síntoma significativo. No obstante es previsible la recomposición de la Unidad Nacional por el manido apetito burocrático de los congresistas.
Pero acá lo importante y por ello digno de resaltar, es que el Pueblo hizo respetar su soberanía. Las redes sociales jugaron un importante papel, más que los medios masivos de comunicación, porque tuvieron un rotundo y rápido eco, lo que permitió una unidad de opinión nacional de indeclinable y enérgico rechazo a semejante esperpento legislativo. Por fortuna, se ha venido construyendo civismo. La ciudadanía es, cada vez más deliberante, participante y decisoria. La democracia representativa y el Poder Ejecutivo quedan notificados que el constituyente primario, el Pueblo, dice PRESENTE y permanece ACTIVO Y COMBATIENTE.
Y es que así ha quedado demostrado en recientes hechos: primero con la movilización nacional, especialmente de los jóvenes estudiantes, se derrotó la pretendida Reforma a la Educación. Ahora, el escándalo mayúsculo de la Reforma a la Justicia. Y sin duda, el Pueblo, nuestro agobiado y frustrado Pueblo, seguirá presente, activo y combatiente, frente a las anunciadas reformas pensional y tributaria. ¿Será que, como está la situación de candente, el Gobierno se atreve a presentar propuestas y el Congreso a aprobarlas, como las de la ampliación de edad para la jubilación y la retención en la fuente indiscriminadamente para todos los trabajadores? ¡Amanecerá y veremos! Y ahí, en la lucha, estaremos.
Que recordemos en el momento, existen tres grandes movimientos sociales de orden mundial en defensa de sus comunidades: 1) El Foro Social Mundial de Porto Alegre en el Brasil; 2) Los Indignados; y 3) La Primavera Árabe. Es hora de que también en Colombia tengamos nuestro movimiento que trascienda allende las fronteras patrias, en pos del reconocimiento internacional de nuestras luchas sociales. ¿Cómo llamar tal Movimiento? Hay creativos por montones que podrán hacer su aporte. Esperamos, de un lado, que se logre el propósito de unificar y consolidar la protesta social; y, del otro, “bautizar” el Movimiento con un nombre sonoro, pegajoso, significativo y muy nuestro. Sugerimos dos: a) El Otoño de los Patriarcas, porque tenemos que apoyar el relevo generacional, no solo por edad sino por permanencia en el Congreso de algunos que se atornillaron a sus curules; además es la adaptación de una reconocida obra de Gabriel García Márquez; y b) La Estación Multicolor; Estación en la que se debe hacer periódicas revisiones del estado de las Locomotoras que conduce el Gobierno, la carga que transporta, el estado de las ferrovías, los tiempos de recorrido, etc.; y Multicolor, por la concurrencia de diferentes razas a las revisiones, de los varios partidos políticos existentes, etc.
Terminamos citando una frase que hace algún tiempo leímos en algún lugar y que tratamos de reconstruir con la mayor fidelidad:
LA LIBERTAD NO ES ELEGIR QUIEN SERÁ NUESTRO AMO, SINO NO TENER UNO

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