Es más que mérito suficiente cuando en el escenario geopolítico nacional, surgen otros nombres con luz propia. Figuras de contrapesos y rutilantes en el espeso tinglado del poder local.
No es fácil la situación para los departamentos. Igual, para los municipios, muchos de ellos sin brújula. Al vaivén de la suerte y a la ruleta de las circunstancias.. Las regiones sobreviven a extraña mezcla de una integración que no se da fácil. Los recursos tienen peajes en Bogotá, así exista más plata.
Ese desarrollo económico eficiente que reclama el propio doctor Botero, es clamor nacional. A temas como las regalías, la seguridad, proyectos de impacto regional, minería, el acelerador vial no se puede descuidar. Igual, ocurre con la traumática salud que no se levanta de la camilla ( y eso – como lo pregona el gobernante nuestro- con un sistema perverso fundamentado en la enfermedad y no en su prevención y promoción).
Cuidado – para no quedarse en el diagnóstico- debe prestar el alto gobierno en la atención primaria en salud que como prioridad, ha esbozado con valor el ya casi saliente presidente de la Federación que los convoca.
Fue de arreglo de decorado y orden en la casa este año que ya cierra persianas, al inicio de un nuevo período en una persona que entregó resultados en el pasado y está probado. Con suficiente experiencia y con un entendimiento ideal: gobierno seccional y central.
Con el Presidente Santos, se entrevistará el gobernador Botero esta semana y en la agenda quedan pendientes para sumar en el 2013, hechos que de manera inexplicable no se han atendido con oportunidad. Risaralda, las regiones, necesitan realismo. Claridad. Por ejemplo: el tema cafetero, donde hay un creciente déficit de pobreza y donde se ha desatendido el estado indigente de los habitantes rurales.
Menos pulso con las regiones y mayor acción, le pedimos al Presidente Santos en ese lenguaje misterioso e indescifrable. Ojalá en estos encuentros finales, le recuerde el gobernador Botero al jefe del Estado, su hoja de ruta, su recorrido, para hacer menos tenebroso el entrante año.
Le quedan dos reuniones para finiquitar su paso por la Federación de Gobernadores, donde se le dio vuelco a una entidad sumida en protocolo y en diplomacia en una pasado cercano.
En tregua sin agenda donde se hablaba para incumplír . Popayán es el penúltimo encuentro y de manera posterior – en diciembre- la última reunión en Cartagena o Bogotá, para elegir nuevos dignatarios.
El Presidente Santos debe tener un proceso de reconciliación con Risaralda. Con el Sesquicentenario de Pereira, pero – de veraz- con el ciudadano nuestro acostumbrado a ser espectador triste del espectáculo de ausencia de Estado.
El entrante año, tendrá el estigma electoral. Elecciones presidenciales en una ruta crucial y para elegir un nuevo Congreso. Eso, debe permitir que se actúe con celeridad y evitar que el colapso político cope las estructuras de ejecución de las obras que ya están inscritas en los planes de acción. Es tiempo que el Plan de Desarrollo pase del papel y del bostezo a gobiernos que le cumplen a las comunidades. ¡A los resultados que ya asoman!

No hay comentarios:
Publicar un comentario