Varios de ellos, debieron haber salido derecho para una cárcel. Pero en Risaralda, nos acostumbramos con estoicismo que aquí no pasa nada. Silencio mayor. Es decir, que caiga el peso de la ley donde el erario público fue un botín. No se pide más: Justicia, solo justicia.
En Santa Rosa, un grupo de “corsarios” decidió echarle tijera a los gravámenes, beneficiando a unos – a los más pudientes, a los que no necesitan-, a los que tienen capacidad de pago como repite el doctor Carlos Eduardo Toro, con alto valor- y “tirándose” a otros.
Esas exoneraciones – que disminuyen los ingresos -es un tributo directo que va al bolsillo de muchos. Ocurre con mucha frecuencia en Risaralda. El factor social, siempre pierde. Fue un irresponsable revanchismo contra el alcalde ganador que no era de sus afectos. Por eso las inversiones en una bolsa humana, no se ven. No es culpa del mandatario, es culpa de mercenarios.
Santa Rosa es una trampa mortal donde crecieron considerables grupos al margen de la Ley y donde el microtráfico se tomó sus calles. Hay pandillismo regado por sus barrios que le compiten al Termalismo y al delicioso chorizo que lo venden como lo mejor de su gastronomía pero que “no genera una verdadera estructura económica”.
Nadie sabe hoy que pasó con las investigaciones al ex alcalde. Nadie sabe hoy que pasó con las investigaciones en Juzgados, de la Contraloría , de la Fiscalía. La Procuradurìa duerme.
El cedazo moral quedó como un embudo en la otrora pujante ciudad de las Araucarias, donde el tejido social cedió en sus límites decentes.
Hoy existe ruina municipal, sedes de gobierno humeantes. Ratoneras.
Región cafetera, como lo recordó el alcalde de Santa Rosa, donde el índice de desarrollo humano ha caído más que en Chocó.
Lo grave es que muchos empresarios, no reconocen la tambaleante situación social y prefieren hacer el giro de su egoísmo. De ciudades – registradoras o de municipios como vacas lecheras donde se reproduce ingresos y nada queda fuera de sus cuentas personales.
Hoy, por el contrario, le escuchamos al gobernante, se busca generar una gran movilización social para rescatar a Santa Rosa. Igual que muchos municipios tomados por el “pandillismo” oficial. Se requieren redes humanas que retomen el pasado, que se vean en el espejo de la identidad y gocen de valorar principios.
Se nos olvidó que en esta región existe el sicario más joven del mundo con 8 años y los padres más jóvenes del mundo: ella con 10 años y el “papá” con 11.
En este propósito hay que Salvar a Santa Rosa. La planeación municipal. Su decencia. Igual, que a otros tantos municipios del Risaralda, donde hiede pus.

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