Más rápido que los alcaldes y el propio gobernador, el Obispo de la Diócesis de Pereira, sin reparar en “milimetría o cálculos políticos”, decidió hacer su propio ajuste de “gabinete”: movió cielo y tierra en las parroquias.
“Descabezó” a más de un sacerdote y colocó orden en la Casa de Dios.
Quiere darle un nuevo aire, mayor visión pastoral en este año de la Fe.
Son cerca de 190 sacerdotes, de los cuales activos 165, que atienden en su gran mayoría las 103 parroquias.
Estas dos semanas que vienen, serán de “retiros espirituales” para los sacerdotes existentes en la grey y que cubren Caldas y Risaralda.
Entre los cambios fulgurantes están el del famoso padre Pacho que abandona Providencia después de 8 años y llega con su plegaria a la iglesia del Cementerio central, en la 32.con 6a. El Padre Nelson Giraldo Mejía abandona la Catedral y va a San Nicolás. Otro sacerdote amigo suyo con alto cargo en la Diócesis lo despachó para Anserma: el padre Nelson López. A su titular, el sacerdote Juan Manuel Echeverry, lo envió a Belén. Tampoco se escapó el sacerdote de Riosucio, de alta importancia. Pero el cambio que más repulsa ha causado entre la comunidad por la gestión emprendida por casi una década , es el del Padre Iván Darío Roldán Vélez . El de la Iglesia a la entrada a Comfamiliar en Belmonte Bajo: la labor pastoral, evangelizadora y social, provocó un documento con cerca de mil firmas, donde le piden al Señor Obispo Corredor, “frenar” el relevo. No acató la petición. Es seguro que el buen sacerdote vaya a atender Iglesia en los sectores de Los Panoramas, un sector populoso de Cuba.
De los pocos que se salvaron, fue el Padre Gustavo Valencia: no lo movió de Cerritos.
Esta vez, Monseñor Rigoberto “sacudió el `´árbol” y no le tembló el pulso en la nueva orientación que bajo su mando entrega a la feligresía.
El clero se ha vuelto difícil en esta parte del país. Por eso, analistas creen que el cambio se hacía necesario, urgente, que represente una mayor relación con la comunidad.
De resto, el remezón se sintió en la Diócesis porque hacía rato no había una intervención tan profunda.
Monseñor Rigoberto Corredor Bermúdez, también notificó a los sacerdotes sobre lo que espera de estos. Incluso, fijó mediante la expedición de dos decretos, norma claras sobre la prédica de las misas y en qué lugares no se deben hacer.
Autorizó misas en centros comerciales siempre y cuando se cumplan exigentes requisitos: que no permitan a la gente masticar chicle, cerca a ruidos, saboreando helados, en vías de acceso a supermercados, con alto ruido. Quiere, el Señor Obispo, ante todo que sean lugares dignos y respetables. No que la misa se convierta en relajo. Además: deben justificar el motivo de la realización de la misma.
La otra decisión prohíbe que se haga misa en los cementerios: esto se había desbordado. Incluso en un parque cementerio, se estaban oficiando hasta 15 misas en un día, y muchas terminaban a las 10 de la noche, hecho que no se compadece y dificultaba el acompañamiento religioso.
Acciones rápidas y decisiones prontas para una mayor Evangelización. En esto, su excelencia Monseñor Rigoberto Corredor Bermúdez, resultó buen político. Al menos, más rápido que ciertos alcaldes enredados en su ajuste de nóminas.

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