Jefaturas consolidadas no existen. Mucho menos líderes al natural o jefes como los de antes. Que mandaban y eran escuchados. Hoy ni lo uno ni lo otro.
Son corsarios, tiburones, deleitándose en el proceloso mar electoral.
Hay intereses. Negocios, reinados superficiales. Reparto de torta a pedazos….El partido liberal es unipersonal. Es una extraña mezcla de sabores que se vende. Hubo un representante que se dio el lujo de tener de cabecera, sin ruborizarse, ¡4 senadores! sin responsabilidad política alguna.
He de ver el surtido de egos disparados trayendo parte del ponqué.
Eso se lo han aprendido a los “amos” liberales, engordados a punta de cuido, de rastrojo. Están encebados y por eso no tienen directorios sino centros comerciales afines al negocio de tienda, a la compra de votos al detal, al ingreso de grupos al margen. Al como “voy yo” y sálvese quien pueda.
Existe un peligroso liberalismo glotón. De gula insaciable que es una fábrica o máquina de votos amarrada. Lo digo por los concejales y diputados que arrastra, enlistados por convicciones propias pero no por intereses de partido.
La prueba es que este mamut electoral, este paquidermo histórico: no tendrá – que me acuerde- por más de 60 años, lista al senado en Risaralda.
Tuvo Presidente en la persona de César Gaviria Trujillo, por si no se acuerdan. Presidentes del Congreso. Figuras eximias.
Hoy es la decadencia total. El antiliberaismo. Los jefes de verdad, esa mayoría absoluta que gobernó deben estar revolcándose y los más deben recordar en qué momento se jodió este liberalismo atrofiado y sin conductores.
A nivel nacional, busca limpiarse la cara, lavarse las terribles mañas de narcotráfico y corrupción que lo envilecieron. Si es necesario ir al quirófano para no podrirse.
En Risaralda, el otrora liberalismo arrollador, está a la espera de la autopsia para ver quien se queda con el cadáver. Mientras jóvenes liberales no quieren igual o peor suerte de este rojo para “que lo saquen de penas y lo lleven a descansar”.
Hay nuevos nombres escribiendo la nueva historia, que no quieren un partido de carroña y disparate.
Cómo no recordar el talante de senadores, de prohombres como Guillermo Ángel Ramírez, el “plumón” Vélez, Camilo Mejía, Jorge Mario Eastman, Guillermo Ángel Ramírez y su hijo Juan Guillermo Ángel, Enrique Millán, Gilberto Castaño Robledo, Luis Carlos Villegas. El lúcido corbatín de Hernando Gómez o Benjamín Montoya Trujillo, quien decidió la traída de la televisión a color a Colombia.
Otros nombres recientes como los de Fabio Fernández Marín, Rodrigo Rivera, César Castillo, Germán Aguirre, la “nunca bien ponderada” María Isabel Mejía Marulanda o el propio Habib Merheg en su ingreso triple mortal a la política.
Queda la falta de disciplina, el reguero de votos, las divisiones y la comercialización descarada del voto, los excesivos protagonismos, las peleas internas, el costo de las campañas, la falta de honestidad y transparencia que no se alquilan. ¡Y. súmele a la lista!

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