OPINIÓN / Ciudad Tatuada

La historia es el tiempo congelado, evocado. Pero a la vez, dinámico. La remembranza y la narración desde que somos  palenques, indígenas, mestizos. El pueblo católico empujado y conservador demolido por los avances del tren, de la bebida de café, desde que nos “dejaron mirando para el páramo” con los caballos apostados en fondas donde se comadriaba, se bebía trago pa machos” y donde se pensaba una ciudad – progreso.

La ciudad tatuada con muchas marcas que le apuestan a cicatrices urbanas que vienen del pasado y que hoy son hitos devorados sin análisis alguno.


La ciudad comercio: que confeccionaba, la femenina de derroche de imaginarios urbanos  en la periferia o en los bordes del entorno cafetero. La genocida de conquistadores sin alma pero con brebajes y espejos. La del oro.

La ciudad nostálgica del tren que traía comercio, la que despedía hombres rurales para las Europas o nos volvía más citadinos. Más montañeros entre la lluvia del Otún, del Consotá, la del Egoyà con sus narraciones tristes de prostíbulos y niños degollados, de los ¨bultos de sal¨ que permitió la exportación. La de la telefonía en medio de calles empedradas y de viejos  y nuevos soñadores. 

La ciudad refundada por intermedio de actos heroicos como el civismo, el arrastre del Bolívar apenas hace 50 años en medio de la romería - novelería de una pequeña villa llamada Cañarte.

Sí: la Perla que nadie encuentra en medio de economía de muchos cruces, de la ciudad burbuja, la fenicia, la que contiene nuevos maniquíes-  ciudadanos con el modernismo de los centros comerciales. La ciudad - pasarela que exhibe sus desnudos humanos y nos hace creer que esos son los nuevos centros de estas urbes – consumo. Ciudad amnésica.

La que compraba civismo en convites, la que desde el tocadiscos o la vitrola, la de los traganíqueles,  anunciaba música de arriería y amores que se perdían o florecían entre la lluvia y las callecitas de recuas de animales briosos.

Todo esto para decir que obró un milagro que nos volvió a dar vida recreando la Pereira de ayer …la de siempre!, con esa nueva técnica publicitaria, con la creación de ¨atmósferas publicitarias¨ que permite acercarnos con lupa, con sus efectos realistas, con proyectores  que se riegan con impacto y que aparecen y desaparecen en medio de esa luz oscura de pasado, que  por medio de muertos – vivientes narran historias, se caen a pedazos con los estragos poderosos del tiempo entre puertas que nunca se cierran, entre vagones que no paran y que son frenéticos en su recorrido eterno, corto, desde el prisma que se mire. Entre historiadores urbanos dibujados en siluetas con superficies diveras y extrañas. Entre velas y mandones, personajes como el bobo del pueblo, entre mitos y leyendas grostescas, entre el cura, los misterios de veredas y fondas que hacen que la ruana se mezcle con la riqueza misma de esta Pereira del Sesquicentenario. Que deja la historia sin narrativas. Por pedazos. De un lado, que se canta o se enciende como en ese caballo libertador – hombre que galopa sin tiempo.

El arte arquitectural que recrea en interiores oscuros y el de la luz del tiempo en un formato que te atrapa, que te vuelve actor. Que te calla pero que te habla.

¨Dicha herramienta permite adaptarse a la naturaleza de sus formas, para transformarla y sacarla de su contexto real¨.

“El que integra las estructuras  en la historia”. La noche no pudo ser mejor para llegar con el talento a la Estación – Memoria. Sentirnos nosotros sin esperar que la fachada se nos venga encimas y nos derrote en ese guión de ideas ancladas en los pasajes o aleros, en los resquicios de esas ventanas que no se abren. En la musicalización  o en las voces que te empujan para la celebración o que te mete en el pasado con la interculturalidad y te pone en el presente de indígena. En el hoy “civilizado¨ como un medio de comunicación que cuesta.

El telón no es el mismo: su superficie inanimada contrasta con el tiempo, en el campo digital, con diseñadores, con programadores en 3D. Puede ser que el producto no se  agote allí y lleve a la reflexión. Que no sea una simple estación o un vagón publicitario. O   un slogan de los muchos hechos y que enseñan con crudeza que Pereira no lo tiene todo!

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