Lo que van a leer a continuación, no lo pudimos exteriorizar oportunamente por razones de salud. Este primero de mayo, sentimos una rara mezcla de tribulación y orgullo. Tribulación porque la población dosquebradense perdimos, hace diez años, a un pulcro señor, transparente administrador, gran dirigente político e ingeniero -no sólo civil sino también social- cuando recién había dejado el ejercicio de primer mandatario local; y porque, en lo personal, hemos sentido la ausencia del gran amigo con quien de manera franca y cordial nos trenzamos varias ocasiones en amenas discusiones o en inolvidables tertulias musicales. Este último primero de mayo, remozamos tales emociones escuchando con devoción el legado de su voz “Desde adentro”, en un disco compacto que aún conservamos con esmero.
Y con orgullo, personal y ajeno. Personal porque ha sido al único Alcalde a quien le pudimos susurrar muchos conceptos e inquietudes que, para nuestra satisfacción, fueron tenidos en cuenta parcial o totalmente. Siempre actuamos con irrevocable e intachable lealtad para con él, porque sentimos que lo merecía por sus excelsos dones de señor a carta cabal, porque no se endiosó al acceder al poder, porque fue humilde con los humildes y porque fue tozuda e irrenunciablemente honrado y capaz.
Y sentimos orgullo ajeno, el de él, porque fue quien en los albores del siglo XXI, abrió de par en par las puertas de la Alcaldía, a algo tan importante que en el CAM ya se había olvidado que existía, salvo raras excepciones, la HONESTIDAD. Honestidad a toda prueba que puso a prueba. ¡Y vaya que lo logró!
Hoy, diez años después de su deceso, de nuevo brindamos honores con el debido respeto a ese gran señor, digno profesional y entrañable amigo ELDER VILLEGAS VALENCIA, cuyo recuerdo de tantas virtudes -tenemos la certeza- nos han mitigado en algo el dolor de su partida, en mayor grado, a su esposa doña Lucero.
¿SEGUIMOS CON EL KARMA?
El estigma de corrupción pública en Dosquebradas trascendió allende el departamento. Nos calificaban, sin el menor rubor, de ser una “Barranquillita” en el interior del país. Era una vergüenza grande, tanto que llegamos a pensar que esa era la causa de la falta de identidad de sus ciudadanos para con Dosquebradas. Pero lo grave, lo más grave, es que aún sigamos cargando con semejante ignominioso karma, con o sin razón. ¿Será que la administración de Elder Villegas fue apenas un oasis?
Este miércoles, 15 de mayo, el columnista del periódico La Tarde Ernesto Zuluaga Ramírez en su artículo ¡Así no vamos a ningún Pereira!” escribió refiriéndose a la corrupción en boga: “Ni Bogotá con todos los escándalos de los Nule y de los Moreno; ni Barranquilla, reputada como la más corrupta; ni el Valle del Cauca, con seis de sus ex gobernadores y congresistas en la cárcel; ni Caldas con sus despilfarros en el Aeropuerto de Palestina o en la Licorera, y ni siquiera Dosquebradas nos superan.” Que conste: las negrillas son nuestras.
Esa frase “…ni siquiera Dosquebradas nos superan” es muy significativa; magnifica la situación. Tristemente ¿será cierta tal afirmación?; o valerosamente y con argumentos ¿qué responderán los últimos 3 mandatarios municipales? El honor hay que salvaguardarlo. Y de paso les recordamos que quien calla, otorga.
LOS JUECES DE PAZ.
La ley 497 de 1999 abrió las puertas en Colombia a la jurisdicción de paz para “lograr la solución integral y pacífica de los conflictos comunitarios o particulares”. La instauración de esta modalidad fue bien recibida y la comunidad, aunque sin la suficiente y necesaria claridad, ha participado en la elección de los llamados Jueces de Paz y Jueces de Paz de Reconsideración.
Desafortunadamente, desde hace más de un año venimos recibiendo comentarios sobre los malos hábitos de quienes SU comunidad han ungido para administrar justicia en equidad nada menos que por un periodo de 5 años, pudiendo ser reelegidos indefinidamente. Nos referimos exclusivamente a algunos Jueces de Paz y no a los de Reconsideración.
Una primera queja recurrente, es la de que ante la presencia de quien va a solicitar sus servicios se presenta una desmesurada competencia entre los Jueces de Paz para asumir el caso, sin importarles la vecindad del usuario, cuando la disposición legal señala claramente que “Será competente para conocer de los conflictos sometidos a su consideración el juez de paz del lugar en que residan las partes o en su defecto, el de la zona o sector en donde ocurran los hechos o el del lugar que las partes designen de común acuerdo.”
Una segunda queja es la del cobro de tales servicios. Los Jueces de Paz argumentan que cobran algunos “honorarios” con autorización de la ¿autoridad competente? Cordial invitación a quien o quienes conozcan del tema para que nos expliquen sobre la interpretación del artículo 6º de la citada ley que dice: “GRATUIDAD. La justicia de paz será gratuita y su funcionamiento estará a cargo del Estado, sin perjuicio de las expensas o costas que señale el Consejo Superior de la Judicatura.” Porque entendemos que una cosa son las expensas o costas que ocasionen el proceso y otra cobrar de manera generalizada el servicio prestado.
Es cierto que los Jueces de Paz necesitan recursos económicos para su subsistencia; pero también es cierto que ellos, desde el mismo momento de postularse para su elección, sabían que tal ejercicio sería sin remuneración y que -por tanto- la dedicación de su tiempo no era exclusiva para desempeñarse como Juez de Paz, sino que era una actividad honoris causa alterna a la habitual de la que derivaba sus ingresos para, al menos, la congrua subsistencia.
Pero no ha ocurrido así. Se ha tomado como una actividad eminentemente de lucro; tanto que hemos visto a uno o dos jueces (con pupitre, máquina de escribir o computadora portátil y letrero JUEZ DE PAZ) despachando en el CAM.
Hay otras quejas que juzgamos de mayor gravedad y que, paulatinamente, van deteriorando la imagen de este buen sistema de justicia con concepción de jurisdicción de paz que, de no tomarse oportunamente las medidas correctivas, se convertirá de guerra por el auge de corrupción que amenaza tomar.
Ojalá la Sala Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura en Risaralda investigue y compruebe si existen o no las anomalías señaladas u otras más graves y, si procede, tome las decisiones necesarias para corregir el rumbo que están tomando algunos Jueces de Paz en nuestro municipio. Por favor, no permitamos que hagan metástasis los yerros comentados.

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