OPINIÓN / Las travesuras de ‘Pachito’


“Pachito” Santos, el primo del actual Presidente y fiel escudero del Ex Uribe, no pierde oportunidad para mostrarse ante la opinión pública como un excelente precandidato, candidato y presidente de Colombia, por el Puro Centro Democrático. ¿Por qué ya no hablan del “Puro”?  Pues ahora sólo se autodenomina Centro Democrático.

Pachito, el travieso, seguramente olvida que su gestión como Vicepresidente, fórmula del doctor Alvaro Uribe Vélez, AUV, fue inane. Bueno, ni tan inane. Porque recordamos sus “metidas de patas” y manos, todas al mismo tiempo, lo que lo hizo -en su momento- “popular” no por la brillantez de sus ideas y propuestas, sino por lo que entonces creíamos eran payadas pero que, poco a poco, descubrimos que eran sus pensamientos y deseos ciertos.

Para rescatarse del rincón del olvido de los colombianos, amnesia colectiva que nos ha caracterizado, recientemente decidió instalar dos vallas con las que trató de torpedear los diálogos de Paz que el gobierno nacional adelanta en La Habana con las FARC, intención que no fructificó pero que sí logró formar un debate sobre su talante, aumentando el desgaste de su credibilidad como potencial estadista. Y de sobremesa el Consejo Nacional Electoral sentenció que dichas vallas no pretenden posicionar su imagen y que no constituyen proselitismo político. ¡Vaya, qué congruencia!

Pero éstas vallas nos hicieron recordar, quizás “Pachito el travieso” ya lo olvidó, que fue él quien en un momento de “lucidez mental” siendo Vicepresidente, invitó a unos de los altos comandantes de las AUC, al señor Salvatore Mancuso, a conformar el Bloque Capital para detener el avance de las FARC hacia Bogotá. Este hecho perpetrado por él, como alto ejecutivo de nuestra nación, lo descalifica para pretender lograr la más alta dignidad en nuestra Patria. Y decimos perpetrado, porque tal invitación es un acto delictivo, que no mereció sanción alguna, ni penal, ni disciplinaria, ni social. 

LA VISITA DE HENRIQUE CAPRILES RADOSKY A COLOMBIA.
Perplejos estamos por la reacción del gobierno venezolano frente a la visita que realiza a Colombia el gobernador del Estado de Miranda y ex candidato a la Presidencia de Venezuela. Sin duda alguna, esta visita obedece a su interés de informar al presidente Santo y al Congreso y, a través de ellos, a nuestra nación, sobre el desarrollo de las elecciones del pasado 14 de abril, que dieron al traste con la democracia de ese hermano pueblo, tan caro a nuestros afectos.

Como es de esperarse de un país democrático, los poderes Ejecutivo y Legislativo escucharon con atención y respeto el angustioso SOS de “no dejen sola a Venezuela” que expresó Henrique Capriles. Ni el Gobierno ni el Congreso colombianos pueden ser hostiles frente a un dirigente, de cualquier parte del mundo, que busque incesantemente destronar el fascismo o la dictadura (¡qué pleonasmo!) de su patria.
Seguramente a través de medios diplomáticos, Colombia hará saber al Gobierno y a la Asamblea Nacional de Venezuela las razones que tuvieron para recibir hospitalariamente al doctor Capriles, hecho este último que no necesariamente significa confabulación contra ellos como lo han manifestado.

Respecto de la atención colombiana a tan ilustre visitante, el Canciller venezolano Elías Jaua dijo que será causa del “descarrilamiento” de las relaciones entre las dos naciones y que revisará el apoyo que Venezuela ha venido brindando a los diálogos de paz en La Habana. Y Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, manifestó que es una “bomba” que destrozará los intereses bilaterales. Otra manera de distraer la atención de sus connacionales frente a la graves crisis que afronta Venezuela, especialmente la alimentaria, que afecta a oposicionistas y oficialistas, pues el hambre no tiene color partidista. Y frente a Colombia es nada menos ni nada más que un burdo e inadmisible chantaje.

Gracias a Dios, a nuestra nación, a nuestros dirigentes y a la solidez de nuestras instituciones, Colombia es un país con democracia, que en Venezuela desapareció; donde existe la libre opinión político partidista, que en Venezuela no hay; libertad de prensa, que en Venezuela está total y bárbaramente constreñida; con suficiente abastecimiento de alimentos, mientras que el pueblo venezolano padece penurias para conseguir el mínimo vital. Ni para qué seguir, pues ocuparíamos muchas cuartillas.

Los dictadores venezolanos nos enrostran que el fallecido Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, ahora encarnado en un pajarito (seguramente lo tendrá Nicolás Maduro en jaula de oro, para que le siga diciendo al oído qué hacer) luchó mucho por la paz de Colombia y que propugnó por las buenas relaciones entre las dos naciones. Y, aseguran ellos, que esto debe mantenernos alienados a los designios suyos. Olvidan que Colombia es soberana y democrática y que nuestra dignidad se mantendrá enhiesta e imperturbable por más armas sofisticadas que Venezuela tenga.

Acaso el contubernio Maduro - Jaua - Cabello olvida que su Comandante Chávez recibió en el Palacio de Miraflores, sede presidencial, a varios altos jefes de las FARC; que el territorio venezolano, con la anuencia de su Comandante, dio (y tal vez siga dando) alberque a los dos principales grupos guerrilleros colombianos para recuperar su salud, o para escapar de la ardua persecución de nuestras fuerzas militares y policiales, o para fraguar apaciblemente nuevos planes de escaladas terroristas en Colombia. Y que en Caracas se erigió una estatua del extinto Manuel Marulanda Vélez, más conocido como Tiro Fijo; y que en cada aniversario de su muerte se le rinden honores, sin que su gobierno se inmute. Y que aún adeudan a nuestros industriales y/o comerciantes dosquebradenses algo así como US$1.200 millones. Y que actualmente se adelantan conversaciones con el gobierno colombiano, para el suministro de alimentos de los que tanto carecen. Y…Y…Y…

Parodiando las palabras de Rafael Uribe Uribe, tenemos que afirmar que “ser demócratas es un honor que cuesta”. Veremos cuánto frente al gobierno venezolano. Ojalá les podamos pagar enseñándole el valor de la DEMOCRACIA y, con ella, que la soberanía de los pueblos no se compra con dádivas de petróleo.

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