Con el proceso electoral al Congreso, se abre el de las Presidenciales.
Es una prueba de fuego para las firmas encuestadoras que marcan tendencias hacia donde va el elector. Los partidos y la masa.
A veces, de manera soterrada, llevan, conducen , al voto dirigido, al orientado, al que le buscan elector.
Ya, de manera poco clara, han venido soltando pedazos de cifras que contribuyen al mapeo electoral (CM& reprodujo las últimas encuestas con resultados diversos, que bien merece ser observado como análisis comparativo al final de la jornada).
Cada vez, el senador de región pequeña estará más acorralado en consolidar feudo o almendra política para retornar. Las amenazas no son pocas, cuando se instalan grupos de poder para distribuir sus favoritismos. Los Medios de Comunicación, le dan el mismo trato que le dan a la provincia: solo son noticia cuando por escándalo o mal olfato , comenten un revés humano, ético, o de desviación electoral).
No hay nada de fondo en las carpas electorales, donde hoy representan personas y no colectivos.
Por eso, cada anuncio de reforma política hay que mirarlo con desconfianza.
Siempre se hace a la volatilidad no del elector sino del político instalado en el Congreso para beneficio propio.
Es una forma, también, de forzar un debate público por ideas. Más allá del tono superficial, el reconfigurar estructuras partidistas serias que defiendan programas de gobierno vendidos como un kit electoral en la tienda escolar.
Estamos en la cresta. Montados en una nueva versión de una democracia sufrida desde lo político como alternativa de reinventar al establecimiento.
Marchamos para la elección de un nuevo gobierno que se repite de manera pendular. Los de ayer y los de hoy girando alrededor del poder ( de la alfombra roja del gobernante de turno).
Esperar los resultados finales para entablar alianzas de unidad con base en lo que se empieza a leer para alcaldías y gobernación. Nunca a consolidar región sino mayorías para distribuir poder como objetivo final del proceso.
No es de extrañar, con la pérdida de memoria, que los de ayer, sumen a los críticos de hoy. Viceversa.
Al fin de cuentas, el banquete sigue servido y los comensales no cambian.

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