El partido conservador retuvo la corona. Dura faena – sin gobierno- y en medio de una crisis que todavía se perpetúa. A ello, agregarle, una candidatura presidencial que no despegó y que amaga con resquebrajar los cimientos de ese histórico partido. Nadie le quiere huir a la mermelada y los he de ver – a sus congresistas –cerrando filas hacia las toldas gubernamentales.
Varios escenarios posibles le quedan en Risaralda, no sin antes - es contradictorio – que todos los grupos perdieron registro, cauda electoral.
Está en una posición cómoda hoy dentro del tablero. Todos quieren alianzas con el conservatismo. Incluso, hasta hacer parte de una masa – a modo de aplanadora – que los convierta en un TOCONSO (Todos contra Soto) es decir, una guerra abierta entre los propios integrantes de la unidad nacional.
Pero el partido de la U - lo reitero – no está muerto, muchos menos enterrado como lo quieren reducir ahora, en la matemática electoral presente. Lógico, que se debe someter a reingeniería y vivir un proceso de depuración avanzado de muchos males en que han incurrido por la lujuria no de sus directivas sino por quienes quieren ser más sotistas que el propio senador Carlos Enrique.
Pero que pasa – para que no se sigan frotando las manos – con una alianza partido liberal y la U? Todo es posible. O, caerá seducido el conservatismo bajo el esquema alicate de ¿conservadores con liberales?
La política amaga con ser el centro de la hora de las deslealtades y de “cuadrar caja” por ventanilla en Risaralda. Vamos – insisto – a observar si esas alianzas del pasado funcionan , cuando hay tanto candidato de por medio para las alcaldías y la gobernación, sin siquiera barajar hoy para la Presidencia y donde existen notorios celos. Esas ambiciones – surgidas de la estridencia personalista -descuadran el rompecabezas en la hora presente de las conveniencias cerradas. No es la hora de los partidos, quien lo creyese. La hora de armar gavillas.
Decía, que el partido conservador ganó. Que es el momento que el criticado senador Samy Merheg, por sus ausencias con la militancia en loa región, recobre vigencia para el partido y asuma un liderazgo cierto. No de horas o que se la acabe la gasolina por distraerse con otras tareas propias de su calidad de empresario, que lógico, debe atender. Muchos dudan que lo pueda hacer.
Tiene un estilo particular de aparecer y desaparecer del escenario. Lo otro, es no dejar aun lado a los dos ya casi ex congresistas. Diego Naranjo y César Franco.
Es el tiempo de Juan Carlos Rivera, quien si asume directrices, tendrá curul para rato dentro del propio esquema interior del colectivo azul. Lo ven de la Casa, próximo y como la persona eje con quien se puede hablar y dar la cara para dilucidar muchos asuntos conservadores.
Mauricio Salazar, El Prjncipito, es harina de otro costal. Pero se lo tendrán que aguantar porque a muchos, les dio un golpe certero en el ojo con su nítido triunfo.
Pueda ser que el dulce conservador, lo sepan digerir y no les produzca náuseas. Pero el partido, tiene muchas ruedas sueltas. ¿Será Juan Samy, el mecánico azul? La caja de herramientas está en la militancia y es la hora de atender y cumplir.

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