OPINIÓN / ¿Quién es Ramón Gaviria?

Las bandas políticas existen en Risaralda. Y, buscarán esta vez, extenderse por varios de sus municipios. Ejercer un control sobre los cargos de poder. Repartirse el presupuesto y los puestos en el territorio. No hay alianzas sino conciertos para delinquir.

El monopolio del poder no es nuevo en la política doméstica. Dosquebradas no es ajena a ello mientras 10 consumados “líderes” marchan a “capacitarse” a Méjico como lo denuncia RISARALDAHOY.COM. En viaje de conocimiento y experiencia. Muchos de ellos atraídos por la cultura del jalape, del mariachi, del tequila o el ají. Les encanta. Viajan así no conozcan Las Marcadas o la vereda El Estanquillo o La Fría. Muchos menos, varios, el Alto del Nudo, donde podrán conocer desde sus alturas el territorio. 

Contacto visual aunque en la práctica estén más preocupados porque un enfermero sea el Secretario de Salud o a fulano le corresponda este puesto y a aquél el otro. Y el de más allá, llegue a puesto sin importancia alguna. De vigilante de la alcaldía o el secretario que le carga papeles al mandatario de turno, que los hay y bien pagos que se saben rotar.

Baratijas del poder para sumar parcela electoral y consolidar prestigios decadentes.

Allá pulen un cargo con funciones “chimbas” para “destapar” alianzas. 

Nadie podrá negar que la política ese hace con plata, mijo. Que en La Virginia, Quinchía, Dosquebradas el pudor es cosa seria.

Pregunten que pasa con la reforma política que entra y el chorizo sin foro que sale de la máquina electoral que se subasta en el Congreso.

Decía Dosquebradas para aterrizar el cuento. Están interesados en montar candidato “cable” a como de lugar. Así toque llevarse por los cachos – como con gusto lo repite mi tía la solterona – al que sea. Ya han quemado lustrosos fusibles - léase cables-. 

Ya han enterrado prestantes brillos a cambio de moronas de poder para juntar entable desesperado.

De Ramón Gaviria conozco que estuvo gerenciando las dos pasadas campañas a la alcaldía y que por pensar más que su jefe en esta última, no fue posible que la tuerca y el tornillo se aceptaran. Lógico que la tuerca no tiene cabeza.

Hoy está aspirando con ideas que generan emprendimiento en serie y que como es lógico, requiere recursos. Con oportunidad de trabajo Con eso mucha gente está creando ideas de negocios. El título es de universidad reconocida (La Libre en Pereira, donde estudió de noche porque de día con lo que ganaba se costeaba la carrera) igual que su especialización en Finanzas en una entidad que pocos han oído mencionar: EAFIT (la misma de Medellín para que quienes se pierden en la Academia)

Lo quieren cuestionar porque en el pasado – dentro de sus negocios – ofertó vivienda y tuvo inconvenientes que resolvió por fortuna. Lo bueno no les interesa, es sal o bulto.

El empeño es mostrar un gerente de verdad para Dosquebradas que en vez de carreta y palabrerío, plantee soluciones. Eso ha creado zozobra, malestar, dentro de cierta miope dirigencia que lo ve como un rival incómodo. No es nuevo. Saldrán a esculcarlo y a comer prójimo a sabiendas que consolida una Dosquebradas Mejor y que habla de modernización de ciudad y de proyectos de desarrollo económico, ciencia, tecnología e innovación. Conoce lo social porque lo ha vivido de cerca y con él se pueda hablar de Planeación estratégica o de Ordenamiento territorial. No solo de papas o yuca pese a que dará especial atención al campesino en lo relacionado con producción y comercialización de sus productos y sabe – con conocimiento de causa – qué es una ciudad agro industrial. 

Este es el perfil del Ramón Gaviria que conocí en el pasado y que asusta a muchos de otras orillas, en el presente infame de Dosquebradas.

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