Hemos cuestionado de largo el papel de Risaralda Ética como portada de unos gremios apéndices que “secuestran” al ejecutivo.
Hoy esta entidad, tiene diversas miradas positivas sobre el terruño y los acontecimientos que la carcomen para no terminar siendo una penosa prolongación de sus desaciertos en vez de ser brújula que señale retos, correcciones y propongan nuevas apuestas de ciudad y región.
Risaralda Ética es –debe ser- una instancia viva, justa que cuestione sin el brillo de la amistad o de cerrados concubinatos. ¡Sin medias tintas! Así duela y provoque remezones en diversas juntas de esta empresa nuestra que es Pereira, que es Risaralda. A eso le apuesta hoy. El ejemplo de la Empresa de Energía es un laboratorio de lo que no puede ser Pereira. De otras empresas encapsuladas en poderes que se negocian y dejan renta para refinados negociantes de lucro y corbata a la vez, escondidos en lo público y el pomposo sector privado. Con ventrílocuos ladrones que se mueven de lado y lado: ¡Asaltantes de la sociedad! De manos peludas y uñas largas.
Los gremios, pues, no pueden ser – 31 entidades en total, con refinada presencia de la academia- una pandilla.
La historia gremial- a lo largo de sus diversas gestas- mantiene el brillo de heroicos y valientes nombres. En sus instituciones llegaban para hacer empresa, para definir estrategias de planeación y desarrollo y no eran sometidas al desgaste de peligrosos compadrazgos, para negociar presente y futuro. Eran verdaderos consejeros sin elásticas cervices.
Confío en nombres que resplandecen con valor. En los que aun – desde los mismos gremios- se resignan a que los compren y se vendan como veletas del desgreño y la desazón moral.
Los representantes de los gremios lo deben ser de la ciudad. Esperamos que sean garantía, ecuanimidad de estas porciones territoriales y no que brinquen con antifaces asaltando lo público y dejando al ciudadano a la deriva, cuando se requieren controles y no peajes morales. ¡Es la hora de sacudir el árbol! En que los balances no se negocian y las ias actúen.
Sabemos del bastión humano, del esfuerzo poco comprendido y del desencanto que vislumbran. Debe ser fuerte el papel que encarnan los doctores Fernando Agudelo y James Fonseca y otros hombres en ese rescate de la moral.
Liderar las permanentes luchas para que en vez de trampas tengamos agenda propia y sepamos, de una vez, la claridad de los sueños y no la abundancia de traficantes de todo que se alzan con la ciudad y el departamento.
Conocemos el interés gremial de tener propuestas serias sobre diversos temas coyunturales. Lo otro, es caer al vacio para medir la sangre infectada de la sociedad.
Los nuevos gobernantes, las nuevas corporaciones públicas los gremios de hoy saben que tenemos que actuar sobre la tragedia y no sobre la abultada improvisación.
¡Sin medias tintas, señores! Es hora de actuar.

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