La Avenida Circunvalar se volvió un lugar de trago y ruido. Álamos y otros lugares de Pereira, son un festín. De droga. Peligrosos. Transitar por estos lugares se convirtió en un desorden. En toda una pesadilla.
Las casas dieron paso a ricos centros de licores y abundantes casas de lenocinio. En el centro de Pereira, las casa viejas y aun las nuevas, dieron paso a bares de mala muerte, a lugares disfrazados para ejercer la prostitución. Alto parlantes y el eco de música gastada se filtra por los edificios y por los cuartos de primeros pisos que se resisten a ser abandonados. A ser desocupados por el cambio intempestivo del uso de suelos.
Todavía hay construcciones que se levantan cerca a circuitos académicos para dar paso a lugares destinados a la venta de licor (veàse Álamos, por ejemplo) con el complaciente visto bueno de las autoridades.
En pleno centro, hay registradas 40 casas de putas, de etairas, de “mujeres públicas o de vida licenciosa” dentro de la “industria del sexo”, como las llaman ahora, albergadas bajo el estigma socio cultural- económico y político. ¡Todo un negocio! Va desde la violencia de género, el tráfico de personas y la poderosa explotación sexual.
Esta semana, se van a cerrar 14 de estos lugares especializados en la “venta de servicios sexuales” por la Secretaría de Gobierno, que admite el descontrol ciudadano.
Los jóvenes menores de edad son mandados a dormir temprano ante el auge de “después de la fiesta” o rumbas clandestinas o electrónicas que dejan grandes dividendos a sus organizadores que – muchos de ellos – ocultan otros intereses.
En esta serie de medidas ejemplares hay que respaldar al Secretario de Gobierno, Juan Carlos Valencia. A la propia Policía. Al gobierno de Pereira que retoma el cauce de estas problemáticas urbanas y sociales.
“Por una Pereira Mejor”, implica –además- organizar la movilidad con medidas profundas. No puede Multiservicios seguir operando con la “ciudad- taco” o negocio que vende el espacio público para poder sobrevivir. Con el doctor Alexis Mejía, hay que respaldar sin restricciones los cambios que se van a dar en esa lapidaria entidad que huele mal hace rato y estimular la construcción de aparcaderos en escala. O, con un pico y placa siniestro en algunos sectores que favorece – con la anterior medida- el preocupante desorden vial. De guardas amparados bajo el palo de mangos para aplicar “partes”. (A propósito: será verdad que exigen ahora un mínimo de 15 partes por guarda para ¿saciar los fondos de esa entidad? Si esa misma celeridad se ¿cumplió en la pasada contienda política? ¿Será verdad que la indumentaria, el equipo de trabajo no aparece y ello ha creado un malestar – inconformismo mayor - enorme hacia el interior de ese cuerpo de guardas y de los propios funcionarios?
Debe haber claridad sobre lugares y la contratación de sitios destinados a albergar vehículos, ajenos al negocio o a intereses cercanos de quienes orientan las normas.
Se resiste la ciudad a pensar que el auge del transporte informal – piratas como marca anónima- haya crecido como consecuencia del pasado debate comicial como respuesta al silencio de buscar respaldos fallidos al Concejo. A taxis colectivos que le restan pasajeros al transporte masivo y a un transporte público cada vez mas costoso y desplazado por el uso del ciudadano de a pie que cicatriza la malla vial averiada.
A ello, hay que sumar el desencanto desde el Comité Gremial que no siente autoridad desde Trànsito para ordenar el caos vehicular, como bien se lo hicieron saber al alcalde Vásquez, persona bien intencionada y que garantizó medidas contundentes sobre el particular. De esto, no le tocará más sino que tomar duras decisiones en este talón de Aquiles que gravita el ciudadano.
La ciudad no puede seguir entre prostíbulos y el desorden vial. Así nunca vamos a lograr la integración del sistema de transporte público con funcionarios perezosos y que nadan sobre la nómina.

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