Por Juan B. Santa Cruz / El Periódico
Mientras que el ambiente del fútbol ha salido a respaldar al árbitro Oscar Julián Ruiz, en forma casi masiva, tras las revelaciones de un supuesto acoso sexual a un colega, cabe preguntarse si hoy, ante una orientación diferente, somos tolerantes.
Quienes hayan practicado el fútbol en forma más o menos regular –con cierto grado de competitividad, más allá de los ‘picados’ de barrio- o quienes por diversas razones se encuentran muy cerca del fútbol (aficionados, dirigentes, periodistas), habrán escuchado hablar alguna vez de los códigos de vestuario.
Se trata de una ley no escrita, sobre la que nadie da una explicación cabal y precisa y que, sin embargo, nadie desconoce. “Lo que pasa en el vestuario se queda en el vestuario”, suelen disculparse jugadores y técnicos cuando de esconder trifulcas internas y otras singularidades se trata. Es el círculo cerrado del fútbol.
Mucho ha hablado el periodismo y los propios hombres del fútbol acerca de la denuncia que realizó el (¿ex?) árbitro Germán Mauricio Sánchez acerca de una supuesta maniobra de acoso sexual por parte del ex árbitro Oscar Julián Ruiz.
En la calle y en los pasillos, los comentarios son gruesos y no dejan honra en pie. Ya frente a los micrófonos, los especialistas, los popes del periodismo deportivo, los dirigentes y hasta los hinchas, parecen haber aceptado que esos famosos códigos de vestuario deben echar rápidamente un manto de olvido sobre esta situación y, por encima de todo, sobre la figura y la honra del árbitro llanero.
Se pudo escuchar, por ejemplo, a los periodistas Hernán Peláez e Iván Mejía –quizás los comunicadores mejor informados en temas futbolísticos en el país- cuando salieron a ratificar que en el fútbol hay códigos, que estos deben ser respetados y que en el caso puntual de Oscar Julián Ruiz, quien en definitiva había obrado mal es el silbato denunciante.
El medio futbolístico, desde muchos sectores, ha salido a denostar al denunciante; ponen en tela de juicio sus afirmaciones, le reclaman que haya esperado más de un año para hacer su denuncia. De la acusación de acoso poco y nada se ha dicho.
No es una confabulación, pero el ambiente del fútbol ha respaldado sin fisuras a quien se sindica de acosador. El propio Luis Bedoya, presidente de la Dimayor, fustigó duramente al denunciante. Son pocos los medios que lo han buscado para que ratifique su versión o la rectifique, en todo caso. El sincretismo del fútbol creyó más conveniente detener los rumores sobre la condición sexual de Ruiz y con eso parece haberse dado por satisfecho.
De eso no se habla.
Cualquier observador medianamente atento está en condiciones de afirmar que, aún en nuestra sociedad, que ha sido históricamente atravesada por un machismo recalcitrante y una homofobia no menos importante, vamos empezando a tolerar la diferencia y siendo capaces de convivir con el otro, respetándolo y reconociendo sus derechos.
¿Será que en el fútbol no ocurre esto?
El sociólogo Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, luego de leer los pormenores del caso, comentó que, en general, nos hace falta asumir nuestra homosocialidad. “Más en un ambiente como el de fútbol, donde los tipos se rozan, se tocan, pero les falta el coraje de asumir el erotismo sexual masculino. Me parece triste que este debate pase a los medios y a la prensa para condenar a la homosexualidad y negar que esos son hechos que se presentan siempre, en todas partes”, comentó el estudioso.
“Hay un machismo tan pendejo en Colombia –continuó el doctor Sanabria-. Siempre está la sospecha de que un tipo que no es casado es marica, y lo que se me hace triste es la negación de las pulsiones sociales y eróticas, y me parece triste que se rebaje a un debate rosa o simplemente sobre la condición homosexual”.
Para el ex árbitro profesional y especialista en temas de referato, Rafael Sanabria, el fútbol tiene un condicionamiento especial sobre el tema de la sexualidad, más allá de que los jugadores y los técnicos compartan vestuarios, duchas y camerinos. “Si se conoce que un actor o un músico es gay, nos parece que es algo normal y la gente lo mira de forma natural. Y la condición sexual no debería tener una incidencia, pero se debe establecer una diferencia, porque si quien se descubre que es homosexual es general, policía, árbitro o juez, lo miran de otra manera”, dijo el ex silbato.
“Los mismos jugadores y los hinchas van a estar condicionados ante un juez homosexual, le van a dedicar canticos, en la cancha le van a decir cosas”, aseguró, al tiempo que advirtió que no ve un problema en que haya homosexuales en el mundo del fútbol.
“Pero no hay que olvidarse que en el mundo del fútbol hay niños. La orientación sexual, siempre que se respete el derecho de los otros, no debería ser excluyente”, puntualizó el decano de silbatos.
Quizás, el ambiente del fútbol debería dejarse de hipocresías y, por qué no, ir buscando la manera de derrotar sus propios tabúes.
Después de todo, el ambiente del fútbol está cargado de chismes que pocas veces pasan de ser eso, simples rumores, porque si los rumores fueran ciertos y pudiéramos confirmar, por ejemplo, que uno de los equipos más brillantes que ha visto la historia, la Holanda de 1974, la famosa ‘Naranja Mecánica” de Cruyff, Neskens y compañía, basaba su afiatado estilo de juego en la condición homosexual de sus jugadores, tal y como cuentan algunos memoriosos), tendríamos que revisar algunos de nuestros más amados postulados, los que relacionan al balompié con la más pura y absoluta virilidad.

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