Mientras en la vía que sirve de conexión a los departamentos de Chocò y Risaralda el fuego atemoriza, los productores de café, flores y otros productos agrícolas de menor exportación, sufren los rigores del “clima”.
Digo, del invierno y del auge en varios municipios del conflicto interno. De la ausencia de autoridad que no se puede mantener bajo el silencio.
Por eso, esta semana, los 15 departamentos cafeteros de Colombia, expedirán un documento, donde piden la intervención del Banco de la República( había tomado en un pasado reciente, la decisión de comprar 20 millones de dólares diarios), para que tome medidas ante el auge revaluacionista que se alarga con graves efectos sobre la economía de los productores agropecuarios ( se recibe menos pesos por dólar exportado) y de otros renglones productivos.
En síntesis, medidas que sirvan de paliativo a sectores agobiados por los daños provocados por el invierno y que ahora, parece ser, resurgen con la temporada loca del cambio climático. Será, en consecuencia, una semana de nerviosismo cafetero.
El propio presidente del comité departamental de la rubiácea, Alejandro Corrales y el integrante del comité Nacional, James Maya, han advertido sobre menos productividad del grano en la traviesa que se está dando. Un semestre malo de no hacer los correctivos económicos a tiempo, de tanta variable que se filtra bajo el Dios – dólar. El peso vale menos.
Por eso, en Pitalito , Huila, capital cafetera de Colombia y honor que ostentó Pereira por mucho tiempo, se servirá un café amargo, en “honor” al Banco de la Repùblica, que debe dar respuesta inmediata a este sentir nacional (De acuerdo con cifras oficiales los cafeteros han dejado de percibir ingresos por 120 mil millones de pesos).
De café, también vive Colombia en esta encrucijada donde las causas afectan a personas ( menos liquidez y capital de trabajo) que en un mundo más global, arroja crecimiento negativo de un consumo ficticio. El gasto desbocado en pequeñas economías y ante el reflejo de una maraña intermitente que no deja ver el auge de la informalidad laboral.
Mucho me temo que esa política de sube y baja de la Federaciòn de renovar cultivos para aumentar la productividad, puede ser un “tiro al aire” porque hacia futuro quien puede garantizar precios justos del monocultivo, qué fertilizantes e insumos para alejarlo de plagas sin afectar los bolsillos, se deben agregar a dicha canasta cafetera.
Súmele malas vías, la lujuria de la minería, siembra de cultivos no apropiados, costos crecidos en otros gravámenes, de inseguridad y apoyo estatal y resten competitividad a un producto mas allá de la tasa humeante de café suave, especial, como marca de país.
De lado, tampoco, puede olvidar el organismo rector del grano que dentro de ese Acuerdo para la Prosperidad Cafetera, la gallinita de la contribución ( 6 centavos de dólar por libra) puede volverse tortilla si el gobierno insiste en otros valores que sería como sembrarle otra plaga al cultivo y quitarle ingresos a la rentabilidad si se observa en detalle los desequilibrios de la economía actual.
Colombia está cansada que la pasilla sea el café con el que se revuelve la taza para saldar los déficits de todos los gobiernos.
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