COLUMNA / El imitador de Álvaro Gómez



Era domingo. Medio día. Mayo 28 de 1988. Secuestraron a Álvaro Gómez Hurtado y mataron al policía  Juan de Dios Hidalgo, cuando el dirigente conservador se trasladaba de su casa a un restaurante cercano.

A los 15 minutos me puse al frente de la transmisión en Todelar, cadena de radio que también dirigía por esa época. Lo usual era informar sin detenerse, como quien narra una vuelta ciclística.


Un auxiliar me sorprendió con esta razón, al oído: “los secuestradores le quieren pasar al doctor Gómez Hurtado”.

Sospechando un “embuchado” (en el argot periodístico un engaño) me salí de cabina y pasé al teléfono. El hombre, sofocado, me amenazó: ¡le interesa o no hablar con Gómez! No fue pregunta, fue sentencia.

El estudio de grabación estaba listo y pedí escuchar al personaje. Percibí a un hombre que parecía estar herido o drogado. Era la voz de Gómez Hurtado, quien con mucha dificultad enviaba un mensaje. No tuve dudas: se trataba del eterno candidato conservador. Lo había entrevistado muchas veces, personalmente y por teléfono. Conocía giros y hasta el movimiento de sus manos.

Por Todelar pasaron de inmediato la esposa, los amigos, el exministro Marín Bernal, el hijo, el DAS, otras autoridades. Escucharon una y otra vez la grabación. Todos coincidieron que era la voz de Gómez, incluyendo su familia. También la periodista María Isabel Rueda, muy cercana a la casa Gómez Hurtado.

La incertidumbre creció por el estado de salud del secuestrado y el desconocimiento sobre los autores del delito. El suspenso pasó por los extraditables, el ELN y finalmente el M-19 (ocho días después) aceptó que lo tenía en su poder.

Gómez Hurtado estuvo retenido 53 días. Lo liberaron el siguiente 20 de julio, después de acuerdos suscritos en Panamá, con anuencia del gobierno. El M-19 exigía “un acuerdo nacional” y el freno a las desapariciones forzadas.

Esta historia (una anécdota periodística) termina en que Gómez Hurtado nunca fue herido y posiblemente tampoco fue drogado. La voz que escuchamos era la de un imitador, casi idéntica. Sus más cercanos familiares no lograron detectar el engaño en momentos tan cruciales.

Gómez volvió a la libertad, a la política y a la cátedra. Dolorosamente fue asesinado el 2 de noviembre de 1995, cuando salía de la Universidad Sergio Arboleda. Son más de 20 años de impunidad, como tiene que admitirlo el país.

La anécdota viene a cuento a propósito del premio que entrega el Concejo de Bogotá, cada año por esta época. Mi primer gran reportaje se lo hice a Gómez Hurtado, en RCN Radio, recién llegado y luciendo un colorido saco de cuadros, con preguntas que me ayudó a redactar el propio dirigente conservador. Cuarenta años después se lo cuento a mi director de entonces, Orlando Cadavid, quien quedó sorprendido con la prematura genialidad periodística de su “importación” opita.

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