Si algo bueno tiene la Acción Comunal, es su pluralidad política. El capital social que representa en un modelo de sociedad civil resquebrajado y agónico.
Otros han roto sus estructuras y las han clientelizado, afectando a la comunidad. Los pleitos son trasladados por sus dirigentes en estrujadas reyertas de barrio o vereda, generando dudas y revolcando sus intereses.
La Acción Comunal, da pasos hacia atrás. Sirve de cambalache y negocio. Es capital politiquero que vale dádivas menores.
Las denuncias crecen y zonas grandes como en el barrio Cuba de Pereira, modelo nacional en otrora, la turbiedad del proceso aumentó. Lo ensuciaron y hoy nadie sabe si puede este liderazgo en declive, ser viciado por grupos al margen de la ley para aumentar su potencial criminal y el auge del narcomenudeo o de una minería clandestina que florece y contrata.
Hoy, la Acción Comunal, es mirada con desprecio y en contra como poderosos saltos al vacío que deslegitiman “los mecanismos de participación política en ejercicio de la ciudadanía” (1)
La Acción comunal es un fracaso en su concepción económica hasta el punto que no “reciben recursos sino limosnas” (2). No gestionan sino que trafican estas organizaciones sumidas en sus propios abismos. Hasta el punto que muchas están convertidas en bazares de unos pocos avivatos que se lucran y que deben ser desterrados en las próximas elecciones.
Hoy la Acción Comunal no es reconocida sino contratada. Negociada. Como una res expuesta a postores sin escrúpulo, que recibe beneficios y aplausos, palmaditas en el hombro, en calientes jornadas electorales. Allí son tenidas en cuenta de manera coyuntural y no estructural. Utilizadas por el perfume de la opulencia.
Sin visibilidad por el rigor de su labor común sino por la audacia de un empobrecido liderazgo que se alquila. No son productivas más allá de colocar la red familiar o de cercanos íntimos. Hoy, muchas organizaciones sociales, no respiran sino que contaminan, asfixiadas por una pus que se irriga por el cuerpo maloliente del Estado que las enreda en normas sin funciones o en gobiernos que muchas veces las desprecia.
Esta red social que se extiende como látigo que golpea a los gobiernos, tocando sus puertas, delira en medio de una mediocridad y levita en su horfandad de ideas y proyectos.
De la escasez abrumadora de planeación que sin cohesión alguna entrega olo que le queda de autonomìa Se corrompió en su médula por los apetitos diversos de muchos de sus dirigentes que la exprimen sin pudor alguno. Que la vapulean y limitan. Por mas CONPES que existan y suero legislativo que le apliquen a este insepulto cuerpo llevado al cementerio por poderes personales y ególatras.
Débiles estructuras e invisibles rastros de un pasado cargado de convicciones y de sueños, que como apéndice, no hacen control social alguno sino que terminan como franquicia del amo que los marca en un estilo ramplón de subordinados del poder.
Loa Acción Comunal, merece una nueva oportunidad. La de la modernización y la que recupera un liderazgo prestado en arrendamiento a fuerzas que la maniatan y la venden.

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