De Shakespeare a Los Beatles, Londres inició el sueño olímpico

La ceremonia inaugural de los XXX Juegos Olímpicos de la era moderna tuvo un viaje desde la idílica campiña británica hasta el mundo contemporáneo. Es el inicio formal de las competencias para 16 mil atletas de 204 países.

Foto / Oficial Olímpicos.
Siete largos años de preparativos culminaron con la ceremonia de inauguración de los terceros Juegos Olímpicos que alberga Londres en su historia, después de los de 1908 y 1948.

La gala de tres horas creada por el director Danny Boyle, ganador del Oscar por Slumdog Millionaire, fue vista por unos 60.000 personas en el estadio construido en el este de Londres y contó con una audiencia mundial de más de 1.000 millones. 

A los espectadores se les pidió que se sumen cantando canciones y ayuden a crear escenas visuales espectaculares en un acontecimiento con el que se espera marcar la pauta del mayor espectáculo deportivo del mundo, en el que competirán 16.000 atletas de 204 países.

Inspirada en La tempestad de William Shakespeare, la ceremonia comenzó con una recreación del gozo bucólico, con campos, vallas, setos, ovejas, gansos, un caballo percherón, pastores e incluso un juego de cricket. El ambiente se oscureció para dar paso a las chimeneas y el humo de la revolución industrial del siglo XIX y terminó en el presente con una celebración psicodélica de la cultura pop con canciones, series de televisión y clásicos del cine. Tras el paso de los deportistas, la fiesta será clausurada con la actuación del ex Beatle Paul McCartney.


Con The Beatles, Rolling Stones o David Bowie en la nutrida banda sonora, el ‘show’ inicial contó con el agente 007 James Bond encarnado por el actor inglés Daniel Craig y un repaso por personajes de ficción creados por escritores británicos, como Peter Pan, la malvada Cruella de Vil o Mary Poppins.

La ceremonia comenzó con una escena bucólica de la campiña inglesa, con labriegos, cuarenta ovejas, doce caballos, tres vacas y otros animales, a la que estuvo a punto de sumarse la lluvia, que comenzó a caer a media hora del inicio de la ceremonia, pero cesó poco antes del inicio del espectáculo.

El flamante campeón británico del Tour de Francia, Bradley Wiggins, luego hizo sonar una campana para dar paso a un coro de niños que entonaron la canción “Jerusalén” mientras se exhibían imágenes de momentos deportivos importantes en la historia británica.

La gala dirigida por Danny Boyle, a un costo de 42 millones de dólares y 15.000 voluntarios, debe alcanzar una audiencia televisiva global de 1.000 millones de dólares. Su desafío fue enorme: poder ser igual de inolvidable que el extraordinario despliegue hace cuatro años en Beijing, la más cara en la historia.

Cánticos y símbolos tradicionales ingleses, escoceses, galeses y norirlandeses simbolizaron la unión británica ante 80.000 personas en el estadio y una previsión de mil millones de telespectadores en uno de los momentos cumbres de cada edición olímpica.

Una frase de “La tempestad” de Shakespeare, “No tengas miedo: la isla está llena de ruidos”, marcó el tono del mundo onírico que iba a transformarse ante los ojos de los espectadores.
De la Gran Bretaña rural a la revolución industrial

La voz que recitó la frase fue la del actor y director norirlandés Kenneth Branagh, especialista en adaptaciones de Shakespeare.

La escena pastoril dio paso a la Inglaterra de la Revolución Industrial y ésta a uno de los momentos estelares de la noche, cuando la reina Isabel II hizo una insólita incursión en la interpretación, participando en una escena rodada en Buckingham con Daniel Craig, el actor que actualmente encarna a James Bond.

El célebre agente 007 de Ian Fleming, siempre al servicio de Su Majestad, acompañó de manera virtual a la monarca en helicóptero hasta el estadio Olímpico.

El prolífico mundo de la literatura infantil permitió cobrar vida a villanos como el Capitán Garfio, creados por el escocés James Matthew Barrie, la Reina de Corazones de la “Alicia” de Lewis Carroll, la villana Cruella de Vil de “101 Dálmatas”, de la inglesa Dodie Smith, o Voldemort, el enemigo oscuro del joven mago de la saga multiventas Harry Potter.

Si en el cine fue Julie Andrews quien inmortalizó a Mary Poppins, la institutriz del Londres de principios del siglo XX que salió de la pluma de P. L. Travers, en la apertura olímpica el personaje se multiplicó, descendiendo del cielo con su paraguas mágico, a ritmo de “Tubullar Bells” de Mike Oldfield.

JK Rowling, la creadora de Harry Potter, participó como lectora de un fragmento de “Peter Pan”, uniendo otros dos iconos intergeneracionales de la literatura infantil británica.

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