Desgarrador: el doloroso momento en que una madre dio el “último beso” a su hija, justo antes de un milagro

Este tierno beso de una madre a su hija se invierte con un peso de tristeza insoportable. Es el último abrazo de una madre; el momento en que Jennifer Lawson dio el último adiós a la querida hija que creía estaba muriendo.

Los médicos le habían dicho a Jennifer que no había esperanza para Alice, quien había sucumbido a una forma virulenta de meningitis desde hacía poco más de un mes. La enfermedad había provocado una insuficiencia renal y a continuación, un golpe catastrófico: Alice estaba en coma en su cama del hospital, dependiente de diálisis y conectada a un respirador.


Los hilos frágiles que la sujetaban a la vida pronto se romperían. Su soporte de vida estaba a punto de ser apagado y un equipo de trasplante estaba en el umbral de la puerta. Jennifer había decidido sacar algo bueno de la muerte de su vida. Sus órganos serían donados para ayudar a otro niño vivo.

Y así la madre se preparó para lo inimaginable: el último adiós a su pequeña hija.

Mientras sostenía la cabeza de su hija en la mano, se inclinó hacia adelante y apretó sus labios a la frente de Alicia. Los sentimientos se destilaban en un solo pensamiento: “¿Cómo podré seguir adelante sin ella?”

Hoy en día, Jennifer puede pronunciar palabras para describir su dolor. “Solo traté de decirle lo mucho que la amaba, yo creía que podía escucharme y entenderme. Hablé con ella como si no pasara nada, pero me sentía delirante. Era tan irreal. Sentí su calor, vi el color rosa en sus mejillas. Solo parecía una bebé dormida”.

“El pasado y el futuro se fusionaron en ese momento. Le dije lo orgullosa que estaba de ella, que había luchado durante mucho tiempo y ya podría descansar. Yo estaba a su lado”, agregó la madre.

“Yo estaba en un sueño. Me habían dicho que iba a morir esa mañana, que se apagaría la máquina, porque ella nunca más respiraría por sí misma; así que traté de decirme que ya se había ido, que era sólo su cuerpo que yacía allí. Pero no funcionó”, prosiguió.

“Los médicos ya habían llegado por sus órganos. Se le había dado la morfina y luego nos quedamos solos Alicia, su padre Phil y yo. Así que le di un beso a mi niña; se sentía tan cálido y acogedor, no podía ni imaginar que estaba a punto de morir”.

El instinto de Jennifer era la razón. Lo que sucedió después fue un milagro: Alice no murió.

Cuando la máquina de soporte de vida se apagó el 24 de marzo de 2010, la niña comenzó a respirar por sí misma: su espíritu se negó rotundamente a ser vencido.

Ni Jennifer, de 31 años, ni Phil Lloyd, de 36 años, podrían creer que a sus 14 meses de edad, su hija no se había deslizado del coma al descanso eterno.

“La verdad, nosotros no caíamos en cuenta“, recuerda Phil. “Pero luego vino una enfermera y me dijo la cosa más extraña. Ella dijo que el equipo de donación de órganos se iba, que no sería necesario. Luego vino un médico y nos dijo que Alice estaba respirando sin respirador artificial. Habían estado observando sus monitores en una habitación separada”.

Como Jennifer recuerda: “Era como si la gran burbuja de la desesperación hubiera aparecido. La encantadora Alice estaba con nosotros otra vez. No dejábamos de sentir alegría -aún sin saber si realmente estaba fuera de peligro-, pero el alivio era indescriptible. Nos sentimos en presencia de un milagro“, expresó.

Ya han pasado dos años y medio desde que Alice estuvo al borde de la muerte. Hoy en día, a la edad de tres años y medio, es hermosa como una muñeca de porcelana con ojos azules, mejillas rosadas y una sonrisa deslumbrante siempre listo para ofrecer.

Ella vive con Jennifer, una masajista terapeuta, Phil, quien dirige una tienda de disfraces por internet, y su hermana mayor, Taylor, en Gainsborough, Inglaterra.

Tanto Phil como Jennifer, que han estado juntos durante diez años, han dejado de trabajar para compartir el cuidado de Alice. El legado de la septicemia la dejó con una pierna más corta que la otra, así que todavía no puede caminar sin ayuda, pero es formidablemente tenaz. La enfermedad la privó del habla, pero está aprendiendo a hablar otra vez. Sus palabras son el lenguaje de señas. Cuando ella se sienta en el suelo, rodeada de sus peluches, sus ojos son dos faros que alumbran cualquier lugar.

Con información de Daily Mail.

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