OPINIÓN / Autopistas del Café S.A. y Dosquebradas



Definitivamente sufrimos de amnesia y conformismo colectivos, lo que nos convierte en indolentemente sumisos, como si estuviésemos alienados. 

¿Por qué decimos esto? Pues porque apenas hace año y medio los habitantes de Dosquebradas residentes a lo largo de la Avenida del Ferrocarril, nombre dado al tramo de la Autopista del Café que atraviesa nuestra ciudad, manifestábamos inconformidad, y ahora la callamos, por las muchas deficiencias en dicha obra, tales como falta de puentes peatonales y ramplas que faciliten el acceso de minusválidos al transporte automotor; carencia de alumbrado público; inexistencia de bahías para parada de vehículos de servicio público; falta de señalización aérea y de piso; ausencia de retornos a distancias adecuadas, etc.


Hace, algo así, como cinco años que la Veeduría Ciudadana ARGOS dijo que si al doctor Samper le zamparon un elefante por la sala de su casa sin darse cuenta (según él), a nosotros nos metieron varios elefantes y todos los hipopótamos y rinocerontes de la hacienda Nápoles, por las alcobas y cocina de nuestras casas y, a pesar de habernos dado cuenta, no dijimos ni pío. Agregó entonces que dicha Autopista debió construirse por el pie de monte oriental, zona marginal y perimetral del sector urbano, por donde bien podía interconectarse con el otro segmento de la Autopista a la altura de la salida de Pereira y que permitiría un mejor aprovechamiento del hermoso puente helicoidal.  Si esa propuesta la hubiera hecho un político o un “cacao” es posible que fuera acogida. Pero como fue una organización popular...”pos ni modo”, como dicen los mejicanos.

El daño ya está hecho; ahora hay que reducirlo a su mínima expresión. A ésta Avenida (interprétese: Autopista del Café) no le dejaron zonas verdes. No hay un pulmón natural que contribuya eficazmente a la descontaminación del ambiente. Por ello reiteramos nuestra propuesta hecha a la anterior administración municipal, de adquirir -al menos- dos hectáreas de los terrenos existentes (aún sin construir, por fortuna) entre esta Avenida y la Troncal de Occidente, el Barrio La Primavera y El Mandarino, para plantar allí una buena cantidad de árboles que se convierta en filtro del aire de nuestras comunidades y, de contera, en zona de recreación. Además, así se principiaría a enmendar la carencia de zonas verdes en nuestro municipio, las que están muy por debajo de los estándares nacionales y aún en mayor déficit respecto de los internacionales.

Según la Secretaría de Planeación Municipal, disponemos de 1,08 m2 de espacio público por habitante, pero no indica áreas verdes urbanas, donde se registra un enorme déficit, pues éstas brillan por su ausencia. Una cosa es espacio público y otra, zonas verdes. Es tiempo de comenzar a corregir este vacío.

De otro lado, a lo largo de los casi seis kilómetros que tiene dicho tramo de la Autopista del Café a su paso por nuestro municipio, existe un separador construido en adoquines de cemento. Espacio muerto. No agrega belleza al paisaje. En nada contribuye a mermar la contaminación producida por el alto flujo vehicular. Sólo es un invisible e ignominioso “muro de Berlín”, que divide la ciudad en los de derecha e izquierda, con el agravante que cuando se cambia de dirección, los de izquierda pasan a ser de derecha. Nos convirtieron en peleles… y mansamente nos dejamos; pero, bueno, ahí vamos. ¡Qué triste vergüenza!

Es hermoso ver cómo en Pereira y otras ciudades, estos separadores están plantados con cientos de árboles y palmeras; y qué feo que en Dosquebradas no. Seguramente 1.500 árboles ornamentales sembrados en tal separador, harían más vistosa la Avenida y contribuirían a salvar a más de cuarenta mil pulmones.

Toda vez que el Plan de Ordenamiento Territorial está en revisión (por cierto, desde hace bastante tiempo) es necesario que se incluyan en él los dos aspectos ya mencionados y, además, a) la obligación inaplazable de la Concesionaria AUTOPISTAS DEL CAFÉ S.A. de construir la glorieta a la altura de la calle 43. b) Definir la situación legal de dicha vía, llamada Avenida del Ferrocarril (que se presta para confusiones con el tramo del mismo nombre en Pereira) pues hasta el momento el suelo es municipal y, no obstante, los mandatarios de turno NO han hecho respetar nuestra soberanía sobre el suelo, conforme lo dispone el artículo 311 de nuestra Constitución en cuanto se refiere a ordenar el desarrollo del territorio. ¿Es tan complejo el problema jurídico que en más de un decenio no se ha podido resolver? ¿O es que a la Concesionaria no le interesa porque en este estado de cosas irregulares puede, como voraz sanguijuela, seguirse aprovechando del Municipio? 

Ojalá el Concejo convoque a un cabildo abierto para retomar el análisis de los muchos problemas sobre la Avenida del Ferrocarril, tema que -de manido- impregna de  putrefacción el ámbito social.

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