OPINIÓN / ¿Qué debe hacer un Parlamentario por Risaralda?



No voy a satanizar el ejercicio de la Política. Ni voy a cometer el pecado de decir que todos los políticos son unos sinvergüenzas.

Al contrario, defiendo el ejercicio de la actividad. El Congreso como institución no es malo: actúan mal las personas. Colombia necesita el ejercicio de la democracia dentro del contexto de la política electoral.


 No la encerrada y cargada de vicios para estimular prebendas u “orgías” a favor de poderes establecidos.

El pueblo soberano, se ha dicho pero no aprende, debe votar por personas que interpreten el querer colectivo y no el de intereses cerrados, urdidos en la complicidad. Poco, después de cada proceso electoral, debemos ir  mas allá como ciudadanos para   pedir cuentas de las responsabilidades políticas asignadas.

Es una lástima, pero la responsabilidad nuestra la liquidamos con el voto y es allí donde debe empezar la carga a favor, endosada a dicho ejercicio. La política después, nos interesa poco. Muy poco. Hasta el punto que volvemos a nuestros héroes, en fantasmas. En mayordomos de los desaciertos que le ocurren a Colombia y en tiranos que “ni siquiera se dejan ver”.

Muy pocos han ido a los municipios a repasar el estado municipal. El departamento como región no aparece.  El ordenamiento territorial bosteza solo en Bogotá y la provincia – de la cual vienen – es una isla.
Necesitamos Congresistas que “representen  las ideas de la mayoría  y de las minorías de la población”. Que repiensen el papel entregado por el ciudadano a la hora de la toma de sus decisiones.

 Congresistas celosos de su papel y no determinadores de la mera contestada a lista o que naufraguen dentro  de la mayor mediocridad, convirtiendo el voto en aplauso o en gabela de sus reelecciones.

 No hay partidos  ni instituciones que rindan cuentas. Igual, muchos de nuestros Congresistas, ni siquiera toman la palabra  para enseñarle a la comunidad, las actuaciones públicas derivadas del voto (el senador Soto, el Representante Burgos de la U,  entregan los informes de gestión  con refinada frecuencia. Igual el conservador Diego Naranjo. A veces, la muy desaparecida de estas tierras, la candidata del POLO y otros que con atarraya hicieron su festín electoral).

Es cierto: el voto castigo existe y debe prevalecer.

Qué exigencia podemos hacer a quienes entregaron por unas monedas, el poder regional para poner a sus caudas electorales a ¿votar por senadores de afuera? ¿Para ampliar sus negocios y las franquicias?  Ya se oye el ruido de muchos de ellos llegar  con sus gordos fajos y la nómina exquisita, ordenada para la gastronomía electoral.

Se mimetizarán de risaraldenses puros para  alzar costalados de sufragios sin poder real. Sin que la ciudad o Risaralda, tenga una representación debida o que al menos merezca una recriminación.

Un  Congreso con dos cámaras: el Senado y la Cámara de Representantes. Un total de 268 congresistas (102 senadores y 166 representantes a la Cámara, con baterías recargables. Es decir, son  reelegibles.

Hay que exigirles, reitero, pedirles cuentas, responsabilidad social y política: enseñarles que no pueden pasar de agache con decisiones privadas.

Que las funciones legislativas, de constituyente, no son negociables y que mucho menos, el control político es un derivado espeso de la nómina o de las dádivas. Tampoco, que debe ser un mar de corrupción en la forma de votar por Contralor, Procurador, magistrados, Defensor e incluso por vicepresidente por sustracción de materia.

La función administrativa ejercida tampoco puede ser monumento a que “otros dechados de virtudes” integren sus unidades legislativas o que los recursos para el funcionamiento se vayan por la alcantarilla.

Es bueno ya que otros Parlamentarios sigan el ejemplo y digan que han hecho o qué van a hacer por Risaralda.

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