Un llamado del Señor obispo de la Diócesis de Pereira, Monseñor Rigoberto Corredor, como una voz contra la “desertización espiritual” como la llama Benedicto XVI. Ciudad Victoria es también la Plaza de la Fé.
Este es un llamado convocado para propagar la Fé y redescubrirla en lo que vivimos. En fortalecer la Oración, la liturgia. La que está plasmada en el Evangelio de forma consciente para comprender el significado, el reto, el desafío hecho de manera pública por la Iglesia Católica, nuestra Iglesia, para comprender su verdadero valor.
La que enciende en nuestras vidas la llama de la Fé. La que transforma, la que exaltamos y cultivamos como compromiso personal, como signo vivo. Una fé que trascienda.
No una Fé carramplona, circunstancial, superficial, impulsada por charlatanes, por ruidos que nacen en garajes que hace que confunda o se extravíe en la batalla por enseñarla. La que en vez de alimentar certifica una anemia mental de falsos apóstoles. Para que no nos quedamos en un pantano, en “un ideal ni se caiga en la confusión”. En debilidades propias y humanas.
Por eso este año, debe servir para profundizar sus contenidos, ser motivo de entrega total y comprenderla. Una fe real y no de falsos brillos. Tener la fe como fundamento de vida cristiana.
Extenderla, conservarla, propagarla, es la consigna en este desafío vivo. Al fin de cuentas “creer es vivir”. El llamado hoy es “ no difundir el vacio” sino acrecentar un Evangelio para que defendamos, prediquemos y renovemos la Fé de manera activa, como un pasaporte por la vida.
La Iglesia, pues, desde nuestro papel de laicos, nos fija este compromiso el que debemos acoger sin indiferencia sino cargada de múltiples contenidos. Redescubrámosla. La tea de la fé nos ilumine.

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