Este parroquiano en medio de su pobreza absoluta, por lo
menos tiene su buen colchón y su buena cobija.
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| Foto / RisaraldaHoy |
No tiene preocupaciones de ninguna clase, no paga servicios públicos y los bancos
no le cobran. Tal vez su único dolor de cabeza será buscar su comida diaria y
un lugar donde no se moje.

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