En nuestro anterior artículo esbozamos la crítica situación que afronta nuestros Campesinos (lo escribimos con mayúscula por el respeto, el cariño y la admiración que les profesamos) frente a la tierra, consustancial a su existencia y a la del resto de sus compatriotas.
Dentro de este contexto, fue previsible una Reforma Agraria a la fuerza, fuerza originada y sustentada en la secular explotación laboral y despojo de sus propiedades a que ha sido sometida la inerme familia campesina, luchas que libraron con mayor denuedo en la década de los años 70 pese al temor de que sus acciones reivindicatorias fueran, como en efecto fueron, reprimidas violentamente por el Estado, invocando la defensa del tan cacaraqueado derecho a la propiedad privada.
De otro lado, es necesario tener en cuenta que de subsistir el clima de violencia, de inseguridad, de despojo, de desplazamiento, en los campos colombianos, al propiedad agraria continuará su angustioso y acelerado proceso de concentración en unas pocas manos, especialmente de quienes tienen fácil acceso a medios de autodefensa, coerción armada o seguridad privada. Se ha venido presentando un fenómeno similar al del decenio de los 50, desde luego no en cantidad pero sí en porcentajes, dada la diferencia de la población en cada una de las épocas. Pero son similares en sus causas.
LAS “REFORMAS AGRARIAS” EN EL SIGLO XX.
Recién transcurrieron las horrendas matanzas de las bananeras y terminada la hegemonía conservadora (1930), el entonces presidente liberal ALFONSO LÓPEZ PUMAREJO (1934-1938) en 1936 tramitó ante el Congreso y sancionó la famosa ley 200, comúnmente conocida como “Ley de Tierras”, que aclimató los ánimos de los campesinos que por aquella época eran la mayor población en el país. Sin embargo estas buenas intenciones fueron fuertemente debilitadas con la expedición de la ley 100 de 1944, debido a la presión de los terratenientes.
En 1946 el partido Conservador regresó al poder (1946-1950) con la elección como presidente de MARIANO OSPINA PÉREZ, en cuyo periodo ocurrió (9 de abril de 1948) el nefasto magnicidio de JORGE ELIÉCER GAITÁN, crimen que abrió las puertas a la tenebrosa violencia partidista, que ocasionó decenas de millares de muertes por el fuego cruzado entre “chusmeros”, “pájaros” “collarejos” y “autodefensas campesinas”, éstas últimas luego fueron mutando a movimiento guerrillero de liberales y, posteriormente, con fuertes tintes del P.C.C. luego conocidas como las FARC. Vale la pena recordar que en 1950 asumió como presidente de Colombia, el doctor LAUREANO GÓMEZ a quien en 1953 le dio golpe de Estado el General Gustavo Rojas Pinilla, quien a su vez fue derrocado el 10 de mayo de 1957 por una Junta Militar, encabezada por el General Gabriel París.
Fue ante este sombrío panorama de desintegración nacional que los partidos políticos tradicionales, liberal y conservador, convocaron para diciembre de 1957 un plebiscito con el fin de reformar la Constitución estableciendo el derecho de la mujer a elegir y ser elegida, la paridad política en los cargos públicos y se instituyó el pacto de Benidorm, conocido como el Frente Nacional, que inició el 7 de agosto de 1958 con el Presidente ALBERTO LLERAS CAMARGO.
Este periodo de violencia, que duró 10 años, ocasionó una gran concentración de la propiedad privada rural, el desplazamiento de millares de familias hacia las ciudades y presionó a muchos campesinos para que se enrolaran en las filas de la guerrilla o de la “chusma”. Al ponerse en práctica el Frente Nacional, se abrió un esperanzador paréntesis para el campesinado, frente a dos opciones: a) Iniciar un proceso de Reforma Social Agraria; y/o b) Implementar programas de Colonización Dirigida e incentivar la Colonización Espontánea, como medio de ampliar la frontera agrícola y minimizar la presión sobre las tierras aptas en poder de una próspera clase terrateniente, programas que necesariamente -como ocurrió- debían estar precedidos de una amnistía e indulto para alzados en armas, quienes además vieron en la Colonización la oportunidad de ocultarse de potenciales venganzas. De ahí que no resulte atrevido afirmar que a ellas llegaron tanta gentes de diferentes actividades, entre ellas algunos verdaderos campesinos.
Creemos que no sólo fue la violencia de ese decenio (1948-1958) la que dio origen a un programa estatal de Reforma Agraria; sino que, además, jugó un papel definitorio el triunfo de la revolución cubana encabezada por Fidel Castro (enero de 1959), quien rápidamente puso en marcha un programa de “nacionalización” y redistribución de tierras y de sus medios de producción, adoptó mecanismos para erradicar el analfabetismo, mejoró sustancialmente las condiciones sociales del proletariado agrario, etc. hechos que para la época fueron identificados con las doctrinas comunistas y que llenaron de pánico al mundo capitalista, pero fundamentalmente a la Gran América, más aún cuando las tesis de esta revolución principiaron a sumar simpatizantes y adeptos en el sur del Continente y, oficialmente, Cuba comenzó a exportar su ideología.
Los Estados Unidos (tanto por el simbolismo ideológico soportado en el Capitalismo como por razones de estrategia militar en relación con Cuba) y bajo los auspicios de la Organización de los Estados Americanos -OEA- reunió a los Presidentes de América, quienes como Jefes de los Estados miembros, suscribieron la famosa CARTA DE PUNTA DEL ESTE que dio origen a la ALIANZA PARA EL PROGRESOS y, que según el punto 6º del título I, se comprometieron a:
“Impulsar, dentro de las particularidades de cada país, programas de reforma agraria integral orientada a la efectiva transformación de las estructuras e injustos sistemas de tenencia y explotación de la tierra donde se requiera, con miras a sustituir el régimen de latifundio y minifundio por un sistema justo de propiedad, de manera que mediante el complemento de crédito oportuno y adecuado, la asistencia técnica, la comercialización y distribución de los productos, la tierra constituya para el hombre que la trabaja, base de su estabilidad económica, fundamento de su progresivo bienestar y garantía de su libertad y dignidad”.
Próximamente, epílogo de este importante tema.

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