OPINIÓN / El Plan Candado Vs. Los Encapuchados

Los vendedores informales superan las 2.500 personas y su tendencia es al alza.

Hay sectores que reproducen el fenómeno como una forma de contra restar el desempleo. Supervivencia como respuesta a las 130 mil personas que viven en pobreza y 14 mil en pobreza extrema. 

El hambre crece nadie lo niega. Pero justificar la asonada, la acción violenta y a raja tabla, supera la ley. Es reprochable. El vandalismo hace que se imponga la autoridad y el gobierno del alcalde Vásquez, actúe. Que no ceda a pretensiones escandalosas arrullado por métodos alteradores del orden público.


En esto, no puede existir alargues o generosidad sino aplicación de la Ley. 

Tampoco, posiciones tibias  o que se tranzan con sutilezas políticas. Grave fue ver escenas de disturbios, violencia y alteraciones de la tranquilidad por quienes se parapetan en defensa de falsos derechos. Tampoco puede ser un instrumento político para “arreglar cargas” o prejuicios de gobiernos pasados. 

En los últimos años ha existido- pese al volumen de recursos invertidos en bazares  y en derroche – escasez de imaginación. La ciudad, el gobierno, ha cedido mucho a cambio de factores externos que se reproducen sin un orden.

La calidad del empleo sufre recortes abismales. La flexibilización laboral postró las difíciles circunstancias que  se vive hoy para ganar cualquier puesto de trabajo. Profesionales con cartones frescos viven su viacrucis. Los jóvenes están en una encrucijada de pavor que hace por creer que no hay futuro. Que ni estudian, ni trabajan.

Por más que le hemos pedido datos al lento Secretario de Gobierno de la ciudad, no hemos encontrado eco alguno, por más llamadas para que adopte con decisión autoridad compartida, su actitud lo hace ver pusilánime, temeroso y confundido,  el no estar a la altura para el riesgo y  que el problema haya crecido y unos se hayan lucrado del tambaleante negocio del espacio público.

El espacio público no puede ser un pulpo poderoso, de crecido tentàculos.

Notificadas están las autoridades de la comercialización, metro a metro, del espacio público. Del poder  -casi que mafioso- empotrado en los territorios que se reparten y en las carretas que se entregan con valor agregado  para sumar un poderío clandestino y de fuerza.

Respaldamos al gobierno local en  querer retomar con acciones preventivas y no de fuerza, el desmadre que circula hoy por calles y carreras.

De lejos, tendrá el gobierno que cuidarse de los nuevos espacios que se van a ofertar para “trasladar” o ampliar  el problema.

Para convertir la ciudad en una arca exótica.  No es metiendo la cabeza en la tierra para hacer caso omiso a esas voces sindicalizadas de vendedores que quieren pescar en río revuelto. Acaso, no es una infamia que ese desorden les permita- en medio del caos- sumar 18 sindicatos de “vendedores”, muchos de los cuales representan esquinas del tráfico, de la ilegalidad y de personas que se mueven en la oscuridad.

La ciudad no puede permitir  – a plena luz del día – zozobra y anarquía con unas autoridades verdes  que llegan tarde, ante los desmanes de unos encapuchados amparados en el bandidaje. Que se cruzan para mirar hacia  los costados llenos de vacilaciones. 

El alcalde no puede tener dos discursos y en esto debe existir solidaridad unánime: la autoridad no se negocia ni el gobierno se endosa en medio de  presiones.

1 comentario:

  1. Pereira no tienen alcalde. Todos sabemos quien es el que gobierna y ante la próxima campaña política, no esta dispuesto a perder mas votos de los que perderá con centro democrático: su curul esta en peligro. He ahí el detalle.

    ResponderEliminar