Acababa de regresar de la terraza del hotel Intercontinental en Medellín, después de haber hecho un café concierto en el que escenificó una comedia de Noel Coward. En medio de los vítores y aplausos que parecían más una manifestación política que un público que acudía a beber un café y deleitarse con la actriz más talentosa y conocida del país, recibió un llamado que la sorprendió al punto de desestabilizarla. Se trataba de Pablo Escobar, que había mandado a cuatro de sus hombres a decirle que la quería conocer en persona, y si fuese posible, conversar un rato con la diva de la televisión colombiana de los años ochenta.

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