“Pereira es una sola: con muchas caras,
con muchos rasgos”. Adriana Vallejo
Hoy más que nunca, considero, que estos 150 años de fundada la ciudad, debe servir para renovar el amor por Pereira.
Legitimarla, participando de ella y apropiándose de sus miradas diversas. ¡Dignficarnos!
Queriendo la ciudad como buenos hijos. Comprometiendonos con ella. Con sus huellas esparcidas en comunas y corregimientos. Entre sus barrios diversos narrando conquistas, hecha de escenarios donde cada día modelan sus procesos históricos, su marcha. Sus sueños.
La ciudad incrustada en el cemento: el “primer ladrillo” como patrimonio institucional de gestas promotoras de arraigo y temple. Extendido por la Cámara de Comercio con su Centro de Exposiciones. Del parque temático de Flora y fauna, de la riqueza Quimbaya e indígena en general con el parque Consotá ( sello COMFAMILIAR) el cual debemos descubrir para enseñarlo a propios y extraños.
Entre las intervenciones físicas como nuevos tatuajes de ciudad. La reconstrucción del Matecaña, el “mejoral” aplicado de manera intravenosa en los glúteos del caballo desbocado de un jinete visionario como Bolívar. El de la Calle de la Fundación como un repaso al viejo tranvía y al tren. A las calles de entonces con nomenclatura de epónimos héroes o de recuerdos imborrables.
El rescate de su memoria que no puede quedar encapsulada en el tiempo.
150 años de cultura: Pereira convertida en Ciudad Botero. Pereira y su Vía crucis parodiando a lo largo del tiempo sus “crucifixiones”.
El que recoge como la serie pictórica las “expresiones de la emoción humana”.
Cargada de tonalidades como la ciudad nocturna o el mañana suave –lluvioso – caliente.
Cristo – redentor. Ciudad tatuada. Con sus rostros de temor a lo largo del Calvario. Camino largo que no termina. Rostros pintados de dolor diverso y pedazos de sangre que se coagulan en gotitas que no ruedan durante el largo martirio.
Un total de 27 óleos y 34 dibujos (la colección que nos visita está avaluada en 20 millones de dólares) como una gran obra inmensa -por su dimensión estética - del Instituto de Cultura. Del gobierno del alcalde del doctor Enrique Vásquez, que nos recuerda que este es un ejercicio no solo del mandatario sino de la ciudadanía toda. Hay que abrazar está efemérides. Juntarnos con el gobierno para sumar memoria e identidad en este esfuerzo loable de amor y pasión por Pereira. Ciudad –redonda.
Del Cristo verde, del asedio romano o de la autoridad vestida de oficial de ejército con ciudadanos llorosos y desencajados. De las monjas gigantes con un Cristo generoso en musculatura, rubicundo y rebelde, llevando un cordel o una cruz que se pierde entre sus músculos fortachos o entre clavitos que apenas hacen brotar una sangre que no lastima. O el Cristo –sacrificado de primeros planos que confunde. Gracias Maestro Botero.
Que bueno el aporte de las empresas para que sus empleados vean lo último de Botero. Las escuelas y colegios viendo la dimensión humana que identifican sus figuras llenas. , “que plasman pasajes bíblicos pero contextualizados en escenarios contemporáneos”. Este aniversario de ciudad es como la obra que se exhibirá: una permanente reflexión. El ciudadano –actor participando de este escenario.
Allí también aparece El Beso de Judas. El que muchos dirigentes le han dado a la ciudad – martirio.

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