En el hogar, en la oficina, en la calle, en el barrio, la ciudad, o en una remota vereda del pueblo, siempre nos quejamos. Todo el día nos pasamos escuchando la diatriba de la mayoría de ciudadanos de que: Sube el transporte, que la comida está más costosa, que las tarifas de los servicios públicos están por las nubes, que el alza de la gasolina es insostenible, que el salario no alcanza.
En fin, pero ahí de golpe, nos encontramos con una imagen ejemplar que habla más que miles de palabras insulsas que yo pueda escribir, porque aquí al ladito en el Brasil, léase bien, dos millones de habitantes inundan las principales arterias de la gran ciudad, para protestar por el cambio de las tarifas del transporte público, y logran echar para atrás un decreto que las incrementa.
Así somos, asistimos con un silencio cómplice y en primera fila, al crimen organizado y con la ayuda oficial parte del estamento militar al asesinato de tres mil miembros de la Unión Patriótica., de varios candidatos presidenciales y nada cambia, pero en al unísono, nos rasgamos las vestiduras por un fallo no conforme de la elección de una señorita Colombia, o que porque otra vez no obtuvimos el miss universo.
Seguimos guardando a veces, esos silencios precisos tan parecidos a la estupidez. Leo el Diario la República y revela que el 0,8 por ciento del PIB, es lo que equivale al costo de los paros según ANIF.
Pero agrega el artículo que 119 días, fueron en total de los paros a finales de 2012 y comienzos de este 2013.
Es decir la totalidad de la tercera parte del año, nos la pasamos en un paro inexplicable, que a la larga y por culpa de un Gobierno que quiere solo la reelección presidencial y por ende, ceden ante presiones económicas imposibles de cumplir como acaba de suceder con el sector de los caficultores de Colombia, y otra protesta social será inminente, pero es decir, las cosas cambian para que todo, todo siga igual.
Pareciera que de nada ha servido el sacrifico humano de nuestros mártires, porque vivimos más pendientes del próximo capítulo de Sábados Felices, de que el baloto haya caído en Pereira y del próximo partido de fútbol de nuestra emblemática escuadra nacional., que de ver como en nuestras propias narices se nos roban el presupuesto de la nación y nuestros honorables magistrados viajan en cruceros de lujo con los recursos del erario público
A veces pienso que somos como algunos de los jugadores de la selección:
Tenemos, piernas, pero carecemos de cerebro, para intentar cambiar nuestra realidad nacional. A ningún Presidente tumbamos, no actuamos como sucede con la población consiente de Perú, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Chile, y Brasil, es como si la sangre y estirpe de Simón Bolívar, hubiese pasado de largo, así sobrevivimos hoy con nuestra conciencia colectiva, pasamos de largo en todo, menos para quejarnos.

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