No es la primera vez que se hace un pacto político para silenciar los fusiles. Ya en Colombia se firmó un acuerdo de iguales características.
Esta vez, más allá de la Constituyente que parecía drenar al país político, el menú de las Farc, está servido sobre la mesa: curules en el Congreso, asambleas y concejos. Es decir –sin decir la porción – busca territorialidad política más allá de su paso armado.
No olvidar, también, que la Asamblea nacional Constituyente permitió armar otro país desde lo político.
La paz solo se logra con política. Con consensos y entregando de parte y parte.
Para ello, como cualquier partido político y no es extraño, redondea su propuesta con financiación estatal y que le abran micrófonos para difundir su sermón.
Es curioso que el mensaje político se destape el mismo día que el Centro Democrático (derecha subida) busque escoger su candidato con una consulta popular que no es más que una estrategia para recaudar votos en las parlamentarias de marzo. No es mala la iniciativa sino que antes por el contrario, define tiempos en la escogencia del candidato presidencial.
Los dinamiza y los obliga a recorrer el país alentando, de paso, las listas regionales para senado y Cámara como una operación ya utilizada en Colombia. Y, visibilizándose con firmas. Que al fin de cuentas es política directa.
Queda claro, además, que el partido conservador tiene dos puertas abiertas: unidad nacional con Santos o el desmarque hacia más derecha con la punta de lanza ya negociada con el ex senador, ex gobernador (860 mil votos) y ex alcalde, Luis Alfredo Ramos (juega en su contra que está siendo investigado por la Procuraduría). Es el único que ha estado en el fogón político.
Las “tomas regionales” son otro pulso para mirar hacia donde apunta el termómetro político. Pueda ser que el influjo cantado del Centro Democrático, no lo desbarate. La U cantó que quiere mermelada y juega con Santos y que muchos marquen distancias para que no “se vean tan anti gobiernistas”.
Lo que indica que el mayor termómetro político lo impondrán las elecciones del Congreso. Vean: un Santos jugado, un conservatismo con candidatos congelados y a la espera de “como se pone la situación” para mover fichas; un Centro democrático que prefiere reservar energías y pega, supedita su campaña a lo que saque en dichas primarias para decirlo de alguna forma, siendo dos elecciones tan distintas.
Otros más, dentro del conservatismo al que le sobró mermelada con Uribe, se sueña con “aterrizar” ya. Nunca han ocultado las ganas (Lafurie, Ramírez, Carlos Holguín, el propio Ramos) como ha sido menos la apuesta del Partido de la U, por llegar con varios emisarios a la vieja casa Uribista.
No olvidar que con Clara López, la izquierda representada en el POLO, como un pedazo del cuerpo político, hace rato está en el partidor y es el que menos sufre por el umbral dentro de una “oposición” descuartizada y anárquica.
Pero el poder y el gobierno están con Santos. Están anclados muchos alcaldes y gobernadores a esa fuerza electoral en las regiones? Claro que sí.
Y. a todas, ¿qué tanto de credibilidad suma Santos candidato? Logrará recoger pedazos de partidos o franjas de electores que se mueven de manera pendular bajo el calor de su accionar de gobierno o de la estadística electoral?
Pueda ser que el giro social que está en el discurso y en los recursos por invertir, muestren ese Santos sólido que muchos quieren ver así su pasado de jugador lo muestre como un perdedor. El foco hoy está sobre Uribe y el menú servido a las Farc.

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