OPINIÓN / Encuentros ciudadanos

Es una forma de gobernar directa. Sin intermediarios. Al grano y escuchando.

Decidiendo que es lo real en el arte encumbrado de administrar. Un contacto directo con la gente. Con ese ciudadano que nunca se visita sino que debe desplazarse desde su localidad a esperar citas improbables muchas de ellas.  No, aquí es al contrario y como debe ser: respuestas, soluciones y sino se puede, diciéndole la verdad al habitante de la vereda, el corregimiento, el municipio. En vivo, en caliente. Sobran los padrinos.

Un gobierno sin dilaciones espesas o confusas: ¡se puede o no se puede!

No hay peajes impuestos  de secretarios  que se creen importantes o cargados de complicidades politiqueras. Toca a ciertos intocables en ese frente a frente con la gente. Aquí todos ponen.

La fórmula es sencilla: le coloca la oficina en la esquina y lo atiende ya.

No existe tiempo para el trabalenguas burocrático sino la esencia de gobernar: responder, actuar  (planear y ejecutar) en el entramado administrativo!

En Risaralda, los puso en marcha como un diálogo social sin puertas y talanqueras, el primer gobierno del médico Botero. Un gobierno con justicia social que mereció reelegirse con la generosidad de una base social ancha.

Con un ingrediente especial: los jóvenes son tenidos en cuenta o el adulto mayor, la comunidad víctima de la ausencia de Estado. De la inseguridad que como burbuja tiene muchos nombres. Del alcalde que no coordina articulación o que se separa del Concejo de manera grosera como emperador ajeno al pueblo raso.  

Que de manera política explora con el concejo y diputados, responsabilidades comunes para entregar soluciones.

Eso como un pulso permanente al cuerpo de una sociedad civil que anhela desarrollo y fomento. Que está detrás del bienestar para los hijos y para el ciudadano. Y, una base administrativa que “tiene la responsabilidad de escucharlos”. Meterlos de narices a la realidad social: hurgar el alma de las comunidades.

El gobernador Botero en persona – de carne y hueso – que da la cara, para decirlo en términos cordiales. 

Es un gobierno en sintonía con la comunidad que busca derrotar los tiempos del burócrata.

Tiene una faceta especial: una reunión donde el sector rural tira línea para el eco de sus angustias. Para encontrar metas bien sea para el producto agrícola, la vía en mal estado, la escuela sin profe, el acueducto que no potabiliza bien, el alcalde que no va al despacho o mantiene dormido en los laureles del poder con un egocentrismo mayor. El pavimento que no se hace o el subsidio envolatado por líderes inescrupulosos. 

La oferta del gobierno como menú servido ante las crecientes inquietudes.

Es una radiografía del municipio tomada de forma directa. No hay lugar a la excusa sino a la verdad de hasta donde puede llegar el gobernante de una manera responsable.

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