Mientras el país tonto se emociona con los goles de la Selección y hay un delirio colectivo y aflora un sentimiento patriotero enfermizo, las fuerzas ilegales, vuelven “a la carga”.
No le interesa que la policía en Risaralda sea sometida a asonadas y el ciudadano vaya de la mano de cierta delincuencia a la que aplauden como si fuese un gol pre mundialista. No se concibe que el uniformado sea visto como el enemigo, el del antifaz. La solidaridad para con las instituciones va en decadencia. Da lo mismo, parece la consigna maleva. La institucionalidad no se respeta. Parece pasar de largo tumbando normas. País pantanoso.
Juzgo que las próximas elecciones estarán pasadas por balas. Volverán tiempos donde habrá lugares vedados para hacer política. País parcelado de ataques como se repiten ahora con la infraestructura petrolera, incendio de carros, taponamientos, restricciones de diversa índole para la movilización de los candidatos a la Cámara y al Senado y del asomo de la campaña a la Presidencia, con incursiones guerrilleras y de la ultra derecha. De bandas delincuenciales oscuras patrocinando vejámenes sin nombre.
Volveremos a la video democracia: donde sólo los candidatos se verán en la pantalla o en la radio. Una democracia recortada. Barata como lo piden quienes desde la ilegalidad piden leyes así derriben la Constitución.
Las cifras no mienten: 127 atentados -hasta julio- contra la infraestructura petrolera, la cuenta de torres de energía derribadas aumentan y más gente queda a oscuras en varios departamentos. De paso, el secuestro de trabajadores en campos de explotación petrolera, señala 68 de estos desde el 2011.
Los paros le han creado a Colombia un ambiente de gobierno cobardón que nada resuelve. Que no brinda soluciones y se deja enredar por la magia de cifras que se negocian con efectos extraños.
Nadie sostiene pero en el pasado la extorsión es una realidad en multinacionales que pagan “para poder trabajar tranquilos”. Su rentabilidad es una sumadora abierta sin interesarles el desangre nacional. Incluso, el de grandes firmas nacionales que los tienen en nómina. El “boleteo” crece.
La seguridad está en entredicho en las ciudades. En Colombia la primera causa de muerte es el asesinato o el homicidio.
Como en el pasado, el propio gobierno los llama “culebras” y “ratas” con los que busca la paz. La paz requiere una solución política de fondo con tiempos exactos. Y no la fotografía de terror y postergaciones. De dilaciones y engaños.
El sabor de retaliaciones se verá en el campo político. En las elecciones. En pulsar un país para crearle situaciones confusas en su territorio. Habrá unas elecciones en medio de las balas.
Las variables que se repiten han creado una atmósfera para la guerra en Colombia. Mucho temo por las elecciones venideras, en un país extraño donde hasta la salud se vende en el Congreso y le quitan “oxigeno”.

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