En Risaralda hay por quien votar. Revise la tarjeta electoral. Piénselo, reflexione. Vote.
Llegó la hora de ejercitar una verdadera ciudadanía votando. La ciudadanía solo se construye con política.
El sufragio es un instrumento útil y civilizado para dirimir en las urnas, la responsabilidad de tener buenos o malos representantes en el Congreso. Congresistas cualificados si les exigimos después de sufragar por ellos que es donde inicia el verdadero poder electoral.
Hay que votar por quienes desde sus curules de congresistas, no han sido secuestrados por sus ambiciones personalistas o por la ausencia de carácter y decisión. Por quienes son flojos y sin criterio a la hora del balance.
Hay que alejar de tajo a los negociantes, a los traficantes de la política. A los fugitivos de la política que no son más que un engaño al ciudadano.
Hay por quien votar: por quienes rinden cuentas .Por quienes dan la cara y están siempre ahí. Por quienes gestionan por las comunidades del Risaralda, por su infraestructura y desarrollo. Por quienes entablan diálogos ciudadanos de manera permanente y no se esconden o son indiferentes. Quienes no dan debates claros y contundentes sobre qué es lo que mas le conviene a Risaralda mirada como región. Desde su territorio, desde sus prioridades.
¡Llegó la hora de votar por Risaralda!
Lo otro es condenarnos. Caer al abismo con la complacencia o el cinismo de quienes ahora se colocan túnicas de oportunistas. Por quienes solapados desde los gremios, la academia, los falsos profetas, alimentan odios y negocios selectivos, cerrados, desde sus apestosos círculos privados.
O, cuando se confabulan como bandas para condenar, meter en la pira, a los gobernantes de turno porque ahora el poder le es esquivo. Denigran como peligrosas “hermanitas” de la Caridad o plañideras que todo lo cuestionan sin ruborizarse del pasado oscuro. Son almas en el purgatorio.
Incluso, piden garantías sin freno alguno, cuando en el pasado - todos lo conocen de sobra – eran clubes o sociedades de los porcentajes de turno. Cuando se creían infinitos y supremos. Por los hechos ya los conocen de sobra. ¡Qué falta de vergüenza!
Hoy existen otras realidades en Risaralda. Mayorías, mayorías hechas en las urnas.
Llegó la hora de votar por quienes rinden cuentas y gestionan por Risaralda.
Lo otro es dejar que el disfraz de malos no los deje mirar a los ojos del electorado.

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