OPINIÓN / De 'carnicería' y lealtades


El país de la política electoral va por otro lado: el cargado de reclamaciones electorales dentro de una lógica del perdedor. Eso está dentro de la Ley y es válido.

Por eso no es discutible que el senador Jorge Eduardo Gechem Turbay, que se ve “acorralado” por la ausencia del poder del voto en las urnas, proceda. Como él, hay en la lista de la U para el senado, cuatro personas que creen pelear igual derecho. Entre ellos, el senador risaraldense  Carlos Enrique Soto.

Por ello, dentro de dicha racionalidad electoral: el Consejo nacional electoral, dirá en la  penúltima semana de julio (del 16 al 19 para ser exactos) quienes son merecedores de la entrega oficial de credenciales. Igual ocurrió en el 2010.

De igual forma, la tutela del MIRA  que estamos seguros se va a votar en contra esta misma semana. Igual, que las interpelaciones hechas de manera inusual no ante el Consejo Electoral sino a la Procuraduría por parte del Centro Democrático.

La credencial será para el nuestro, para Risaralda, será para Carlos Enrique Soto Jaramillo.

Respeto a  quienes desde muchos ángulos se anticipan a  “despedirlo” sin entender que los muertos que vóis matáis en política gozan de cabal salud. 

No me sumo al coro. Creo en la trayectoria del dirigente barrial hecho desde el pantano. Que ha cumplido desde otras instancias entregadas por el voto popular. Que surgió a sus propias luchas. Se le midió a tener de profesión la política con envidiables resultados. En su vigoroso impulso para construir un escenario político que muchos querrán tener para sí.

Nada más insensato e injusto con quien ha sabido actuar con responsabilidad y generar confianza con el elector. Ha sido juicioso en la permanente rendición de cuentas sobre lo actuado como Congresista. Ha sido un derribador de historias dentro de la página electoral risaraldense.  La memoria no se puede tapar ni olvidar porque con su trabajo ha escalado muchas cimas.

Carlos Enrique Soto Jaramillo ha sido un buen Congresista. Es  fetiche político. Tiene magia y ha encauzado un partido a numerosos triunfos. No ha sido un perdedor en política. Ha derribado muchos profesores y mitos de la política parroquial para trascender y eso no lo han podido perdonar. Le quieren cobrar de contado dentro de una intolerancia que huele a “carnicería” y a un creciente juego de deslealtades tan comunes dentro de la política baja. De esa menor que repira  derrota y salpica con odios los pactos del pasado. Mejor dicho: ¡les resultó Maestro! 

Nunca se ufana de creerse dueño de un mito generado por el imperio sotista al que le endosan fabricó.

No es su culpa  endilgarle la caída de las hojas de los palos de mangos de la Plaza  o que la historia galopa en contravía del generoso Bolìvar - monumento que se erige en pleno corazón del Risaralda. O que el desempleo o la firma de los TLC, incluso el modelo económico, es de su autoría republicana. O que se “escondió” en su verticalidad para sumar la cauda a la causa santista como lo pregonaron ciertos envidiosos del Congreso en cómodas oficinas capitalinas para restarle méritos a su decisión política. Dueños de una carroña perversa y llenos de  deslealtades como respuesta a los lauros obtenidos como político creíble por parte del repitente senador Carlos Enrique Soto Jaramillo.  

Pese a todo, no se ha dejado “envenenar el alma” y espera el veredicto final que es retener la credencial para bien del Risaralda.

Es una tragedia hoy que el lastre electoral colombiano sacude la institucionalidad territorial y 14 departamentos estén a la deriva por ausencia de senado. Habrá Soto para rato, lamento decirles.

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