El Conflicto Armado Interno de Colombia (para abreviar CAI) tiene unos precios incalculables y, sobre todo los más, invaluables. En este casi cuatrienio es que, a lo que comúnmente hemos llamado “guerra”, se le ha dado el verdadero nombre lo queha permitido abrir los diálogos para, primero, establecer las reglas y, luego, sentarse las partes -Gobierno y Guerrilla- a discutir y acordar los temas fundamentales con bases sólidas para concertar una paz cierta y perdurable.
Preocupa mucho los costos y gastos del CAI, traducidos en dinero “constante y sonante” como solemos decir popularmente: si no han llegado al 7% del PIB, apenas faltarán décimas, esto es entre 21 y 23¡BILLONES!de pesosanuales. Entre 2002 y 2010 el gasto militar se incrementó el 78% y, lo peor, para nada sirvió; o sí, sólo para que quienes tuvieran vehículo y dinero disponible para pago de combustibles y de peajes, pudieran salir a darse un paseo. Sin embargo la violencia fratricida en los campos colombianos se acentuó pero se disfrazó con el maquillaje de “seguridad democrática”.En 2005 la inversión en educación fue del 3.7% del PIB, mientras que en la guerra fue del 6%. Entonces, ¿es posible que atendiendo las acciones bélicas, se pueda superar, o al menos igualar, el prepuesto para educación? ¿O salud? Quien(es) prometa(n) eso MIENTE(N).
Y si no se atiende el CAI de conformidad con la pugnacidad del caso, eso sí sería entregar, por inercia, el país al Castro - Chavismo, amigos de las guerrillas predominantes de nuestra patria. Lo que se trata es de dialogar y acordar temas programáticos, en países que les brinden seguridad a las delegaciones, primordialmente a la guerrillera. Allí no se fragua la entrega de nuestra soberanía. ¡Farsantes!
A propósito: el domingo 25 de mayo, día de elecciones, a través del programa “Los Informantes” de Caracol T.V., el ex guerrillero Francisco Galán contó al pueblo colombiano, cómo el senador AUV, cuando era presidente, pretendió adelantar diálogos de paz con las guerrillas, primero en Cuba y luego en Caracas, diálogos que no “cuajaron” por la intransigencia del Monarca de turno y a que sus interlocutores poco le creían. ¡Vaya, cosas de la vida! Entonces era lícito; ahora es malo.
Los expertos en estos temas, señalan que los gastos ocasionados en estos menesteres que lleguen a alcanzar el 4% de PIB, son alarmantes y desequilibrantes de otros frentes sociales que un Estado debe atender. Las desigualdades tenderán a acentuarse. Estamos volados en el 75% del punto crítico.
Claro que existen otros efectos: la economía subterránea que causa sobrevaloración del peso colombiano por la circulación de millones de dólares ilícitos por lo que el Banco de la República tiene que “salir” a comprar dólares; ocasiona intempestivas y ficticias alzas en los bienes raíces; crea nuevas dinastías de amos y señores; y muchas cosas más.
Pero fuera de estos gastos (armamento, material de intendencia, municiones, transportes, aviones de combate, comunicaciones, etc.) hay otros difíciles de cuantificar; por eso hablamos de estimados. Se trata delos costos de oportunidad o, como algunos economistas los denominan, “crecimiento perdido”, quienes los calculan en el 2% del PIB.
Se ocasionan por los desplazamientos humanos, infraestructura dañada (gasoductos, puentes, carreteras, puesto de policía, etc.), paros de diferentes sectores productivos o de servicios, como los agrarios impulsados por las “dignidades; estudiantes; maestros, etc. Pero, definitivamente, hay un costo de oportunidad muy elevado: el de nuestra imagen internacional deteriorada por el concepto de guerra en simbiosis con el narcotráfico y el secuestro extorsivo, los que tanto desalientan la inversión de capitales extranjeros.
Pero lo económico, por grande que sea, no es nada frente al costo humanitario. Lo humano no tiene precio, es inconmensurable. Al menos, no nos atrevemos a cuantificarlo, aunque sí a valorarlo como un derecho fundamental e inalienable del ser humano: la VIDA. ¡Cuántas masacres y cuánto doloren sus familiares!Víctimas que son de la sociedad civil y de la fuerza pública. Familias que después de muchos años, aún no saben dónde están los cadáveres de sus seres queridosO si están vivos como rehenes; o “cautivos” en las filas guerrilleras. Demasiadas personas mutiladas por las minas antipersonas, granadas y otras municiones abandonadas en el campo; la inclemente destrucción del tejido social, especialmente del familiar, debido al desplazamiento de millones de campesinos y, en menor cantidad, de citadinos, lo que ha llevado a aumentar la prostitución y los atracos como únicos medios de subsistir, cuando no son estas familias las víctimas de tales hechos. Ni qué decir de la educación, de la salud, del trabajo, de la alimentación, de la recreación, de la vivienda, de la pobreza, de la miseria.
Aunque el CAI tradicionalmente se ha dado en el sector rural, ha venido afectando a las ciudades por los desplazamientos humanos para cuya adecuada atención no están preparadas, creándoles crisis sociales, emergencias sanitarias y crecimiento de los cinturones de miseria. Es una estrategia guerrillera para “agudizar la crisis”. De no haber PAZ pronto, el CAI cambiará de escenario: pasará a las ciudades donde es más fácil que las “milicias” se camuflen y sus propósitos destructivos sean mayores, masivos, con fuerte y transcendente impacto sicológico. Entonces las muertes no serán masacres sino holocaustos, genocidios, exterminios. Terrorismo subversivo envolvente. Será la barbarie plena contra los estratos 1, 2, 3 y hasta del 4; los estratos 5 y 6 cuentan con la expedita represión legítima del Estado y con guarda espaldas privados, dinero suficiente, pasaporte y visa para asilarse en el exterior con su familia.
Pero también existen otros efectos que tienen relación directa con la vida: la tala de millones de árboles para la siembra de coca, marihuana y amapola, lo que a su vez lleva a fumigaciones aéreas con graves y grandes perjuicios para el ecosistema; y las voladuras de oleoductos contaminando ríos, lagos y terrenos, para cuya recuperación se necesitan muchísimos años, amén del perjuicio para la vida animal y la flora que en esos lugares prevalecen. ¡Y qué decir, por Dios, de la minería ilegal!
Hace poco, el 27 mayo, las FARC cumplieron 50 años de existencia, de cruenta confrontación con el Estado Colombiano como guerrilla organizada, pues “Tiro Fijo” ya había estado enrolado en una guerrilla campesina para defendersede la violencia desatada contra los liberales en 1948. Entonces, abrió el ánfora de Pandora y la cerró tan rápidamente,de tal manera,que la Esperanza no pudo salir; permaneció allí latente, atrapada, en el fondo. El CAI, que tiene el poder de seducir a un ex presidente y a su candidato presidencial, de hacerlos mentir y de crear caos o conmoción interna, está facilitando -al fin- la apertura de esa Ánfora de Pandora para que brote verde LA ESPERANZA de la PAZ.
Finalmente veamos algo sobre el recurso humano que está al servicio de la defensa de la vida de los colombianos y de la institucionalidad nacional. En 2008 algo más del 70% del total de servidores públicos del orden nacional, hacían parte de las Fuerzas Militares, de la Policía y del DAS, cuya nómina alcanzó a consumir el 60% del presupuesto de funcionamiento del gobierno central.
Pese al gran número de mujeres y hombres comprometidos con la defensa nacional, en caso de firmarse la PAZ no serán retirados del servicio, pues los necesitamos para el posconflicto como mecanismo de verificar y consolidar el desarme de las guerrillas, someter a los reductos rebeldes y restablecer la seguridad en las ciudades, sacando de su acción delictiva a bandas delincuenciales, “jíbaros”, raponeros, atracadores, extorsionadores, violadores y, sobre todo, combatir los diferentes métodos de corrupción pública y privada. Prevemos que esta fuerza pública irá mermando paulatinamente en la medida que sus efectivos se vayan jubilando o se retiren voluntariamente, cuyas vacantes no se llenarán.
Quienes deseen entender más y mejor este artículo de opinión, están invitados a consultar el libro “Cuánto nos cuesta la Guerra” de la Magister Juliana Castellanos Díaz -2013-, docente universitaria de las Teorías de la Comunicación en la Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano de Bogotá D.C.
En el próximo artículo hablaremos de las bondades de la PAZ. Mientras tanto reflexionemos sobre qué deseamos:
“EL FIN DE LA GUERRA o UNA GUERRA SIN FIN”
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