OPINIÓN / La anarquía de los poderes


Mientras Colombia se desbarata por el espectáculo salvaje del éxito de su Selección de Fútbol, que nos hace pensar que aquí se bebe o se mata por tener la madre viva o muerta, nada más real que la anarquía actual de poderes.

La Fiscalìa es un trapo banderizo; la Procuradurìa pareciese el amortiguador de golpes de una oposición de pesos y contrapesos brotados del gobierno; el Consejo de Estado semeja  una bandera en varias manos chuzada por estelares sastres, la justicia  se debate entre agudos intereses y la Corte Constitucional, deambula. Que decir del Consejo Superior de la Judicatura que califica para cerrarla. 

Todo ello ocurre entre el  paisaje espeso de un Presidente reelegido que puja por no ser devorado por la Nueva Derecha y la Nueva izquierda nacional (leáse Uribe –Robledo – Claudia López ) parapetadas en una oposición inimaginable.

Acaba de hacer el balance de 4 años del gobierno Santos en el Congreso y enseña 311  leyes aprobadas ( de las cuales, 155 iniciativas de los parlamentarios).

Este Congreso, que debe asumir el 20 de julio, es el del posconflicto y mucho se espera de el. De la ruta que le trace, será la esperanza sin miedo que reclama el gobernante para “corregir el rumbo” y “cambiar lo que haya que cambiar”. Para esperar si en realidad, entre diálogos farianos o de elenos, nace una esperanza para una primera generación de Paz para nuestros hijos.

Sea cual fuese el espectro político, no habrá excusas para impulsar reformas insalvables como la de la Educación o la de la salud, agobiadas por sus pobres resultados. Por la maquinaria infernal de la corrupción que la acorrala. El sistema pensional no da espera mientras se diluye la suerte de muchos colombianos en un mercado voraz y entre los vacíos o pliegues de la rapiña que dice protegerla. Punto aparte, merece lo que graciosamente llamó en Pereira la Minería criminal, la propia ministra del pedazo de ambiente molido por el fantasma de un Niño que arrastre muerte y devastación mientras la deforestación y los daños al cambio climático, se profundizan. O que decir, del vacilante campo que no aterriza una reforma agraria, que no circula regalías por el exceso de centralismo.

A todo ello, el debate público sobre si el período presidencial se consume entre 5 ó 6 años, en medio de agudos contradictores. De radicales y obtusos, de egos rechinantes y de partidos que buscan cobros anticipados de los resultados dejados en las urnas. De “narcisitos” de plumaje o delfines herederos de fortunas políticas.

El país quiere dejar el autoritarismo. Cortar la reelección y gastar con reformas profundas, el diálogo social. Lo otro, es matar el propio proceso de Paz.

Lo que si es claro: Colombia no da espera. Este Congreso servirá para depositar confianza y no para aumentar sus dudas sobre la viabilidad nacional. Mucho menos para ser cuadrilátero de revanchas partidistas aunque ese sea el ideal entre modelos potenciados por intereses que en el fondo es el mismo molde.

Lo importante hoy es honrar la Ley y no construir más anarquía entre lo que queda de Poderes. El pueblo no aguanta por muy sufrido que sea. El Congreso tiene la palabra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario