OPINIÓN / Pero sigo siendo el rey


La abdicación del rey de España  Juan Carlos de Borbón a favor de su hijo el príncipe de Asturias es un hecho de  justicia histórica y de sentido común.

Ejemplos como  la negativa de Mandela a ser reelegido presidente de Suráfrica  o la renuncia de Benedicto XVI como papa, dan pie para  cuestionar  el apego que ciertos personajes sienten por el poder, bien sean elegidos democráticamente, heredándolo o tomándolo a la fuerza. 

La monarquía es una forma de gobierno de un Estado en la cual la jefatura del Estado  es personal, y designada según un orden hereditario.

 A ese único gobernante se le denomina monarca o rey aunque las denominaciones utilizadas para este cargo y su tratamiento protocolario varían según la tradición local, la religión o la estructura jurídica o territorial del Gobierno.

En la actualidad  estos tipos de gobierno (no necesariamente con el mismo nombre) recaen en una familia y despiertan pasiones extremas en los súbditos (léase pueblo) como el caso de las revistas del corazón o de modas que hacen un estricto seguimiento a lo que visten, comen o cotidianamente hacen la  reina Isabel, o la princesa Kate, o los príncipes Carlos o William.

En  Europa aun existen monarquías en el Reino Unido, Noruega, Suecia, Dinamarca, los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco, Andorra, Ciudad del Vaticano.

Entre los países árabes existen  en Marruecos , Jordania , Arabia Saudita, los emiratos  de Kuwait, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Omán, Malasia  y Brunéi.

Otras monarquías están en Bután, Japón, Tailandia y Camboya, Lesoto y Suazilandia.

Otras formas despóticas de gobierno  son las de Corea del Norte, Siria, Cuba.

Afortunadamente ya desaparecieron en Haití, Rumania, Francia entre otras.

Aunque se venda la  idea de que el mantenimiento de la monarquía en la actualidad obedece a su papel como símbolo de la unidad nacional  es indudable que estas formas de gobierno son costosas y  extemporáneas.

El poder envilece y en algunas democracias disfrazadamente se quiere   perpetuar en este, como el caso de las reelecciones vitalicias de Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Si bien es cierto que toda comunidad de personas debe tener una organización para ser gobernada cualquiera sea el nombre del gobernante: presidente, primer ministro, rey, príncipe, emir, duque, califa, emir, sultán, zar, emperador, o conde; pero, mientras no dejen de lado sus ambición personal seguirán existiendo injusticias, excesos, decisiones inconsultas y áulicos alrededor de estos personajes lucrándose de los bienes de todos.

El mundo ha tenido reyes inolvidables como el rey del rock Elvis, o el del fútbol Pele.

Colombia no es ajena a los personajes que se apegan al poder- congresistas casi vitalicios; inamovibles representantes legales de gremios económicos o culturales; eternos miembros de juntas directivas; concejales y diputados que no sueltan la curul;  y también algunos que se  suceden con mayor frecuencia como el rey de las esmeraldas, el rey de la cocaína, la reina de la panela y la reina del turismo y un largo etcétera y para fortuna de nuestro deporte acabamos de coronar al rey de las montañas en el ciclismo mundial.

Nota: Colombia no solo tiene el dilema de paz, somos una sociedad con muchos problemas, pensemos nuestro voto, el blanco es a mí parecer eludir el bulto. 

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