Murió en Dosquebradas don Eudoro Echeverry, hombre cívico, profesor, y miembro del Comité Municipal de Cafeteros.
Tenía 86 años, fue una de las personas más respetadas en Dosquebradas y toda una autoridad en temas cívicos y se le consideraba el cafetero más tradicional de Risaralda.
Este hombre nació en medio de cafetales y montañas en una finca denominada El Recreo y ubicada en la vereda San Juan del municipio risaraldense de Marsella. Tal y como lo hicieron sus antepasados, desde los seis años de edad comenzó a involucrarse en las labores de recolección del grano, desde entonces se fue apropiando de los conocimientos que más adelante lo convirtieron en un caficultor apasionado por su trabajo. Como era costumbre para la época, Eudoro fue el antepenúltimo hijo de una familia numerosa de 17 hermanos en la que el ocupó el lugar número 15.
Luego de terminar la primaria en la Escuela Mariscal Sucre del municipio de Marsella se presentó a un examen para conseguir una beca y poder estudiar el bachillerato. Como buen estudiante que era, logró con facilidad ganársela y estudió en la Normal de Manizales donde se graduó como educador, sin embargo nunca dejó de lado el trabajo de la caficultura y cada vez que iba a la finca de sus padres disfrutaba colaborando en todos los quehaceres de la caficultura.
Durante 47 años de su vida ejerció como docente del área de sociales y constitución en los colegios Deogracias Cardona y Rafael Uribe Uribe, sin embargo su vida no era completa sin eso que lo inspiraba y con lo que convivió a lo largo de toda su vida, es así como luego del fallecimiento de sus padres y de su matrimonio con Lucía Quintana, decide comprar una finca equivalente a dos cuadras y que está ubicada en toda la Avenida Frailes en lo que hoy correspondería a la calle 8 con carrera 30.
La finca Montebonito la compró en ese entonces por 12 mil pesos y se convirtió desde hace 53 años en el hogar donde sembró sus cafetales y crió a sus 7 hijos, 4 mujeres y tres hombres que hoy aunque su trabajo se los impide, se reúnen periódicamente para recordar las épocas de su niñez y juventud y para tal y como lo hicieron sus padres continuar con el legado del cultivo del café.

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