El problema de Ancelotti es descifrar los caprichos de su presidente en el Real Madrid y acomodar las fichas que su ostentosa chequera adquiere. Está subordinado a los agresivos movimientos de mercado de Florentino Pérez, empresario sin límites, dispuesto a hacerse a los servicios de cuanto jugador brille en el mundo del balón, lo que lo hace detestable a sus rivales.
Ya estuvo bajo el poder dictatorial de Berlusconi en Milán, Abramóvich en Chelsea y el jeque Nasser Al- Khelaifi en el Paris Saint Germain, acostumbrados a incorporar futbolistas de relieve, sin importar la adaptación a los esquemas preferidos por sus entrenadores.