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| |Andrés Burgos Columnista |
El domingo pasado me decía un testigo de Jehová que el Apocalipsis se aproxima. Vivimos, me explicaba, en tiempos convulsionados en donde las catástrofes naturales y las guerras prevén el fin de la existencia humana. Como es más fácil llevarle la contraria a la mamá que a un testigo de Jehová, no quise entrar en polémicas, pero me quedé pensando en esa idea fatalista que augura sufrimiento a menos que lleguemos a la Salvación por el camino del diezmo.
Y pensé que en realidad siempre hemos vivido en tiempos convulsionados. En la Edad Media el discurso era parecido: Las autoridades eclesiásticas de entonces exhortaban a los fieles a comprar indulgencias para garantizar su estadía en el paraíso.
