Por JOHN JAIRO POSADA CASTAÑO
Especial RISARALDAHOY.COM
La mula amarilla de 18 ruedas, parte rauda y sin silencios precisos, sobre las calles todavía no congestionadas de Medellín. Mi única misión emocionante es solo halar una fina cuerda de cuero, del que brota un pito estridente, que estremece desde los ocupantes de un Sprint y quita del camino al unísono, a un motociclista que intentaba hasta hace tres segundos, darle un beso medio suicida, pero preciso de viento, a su novia universitaria. El crepúsculo termina, el viaje nace hacia buenaventura.
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La mula amarilla de 18 ruedas, parte rauda y sin silencios precisos, sobre las calles todavía no congestionadas de Medellín. Mi única misión emocionante es solo halar una fina cuerda de cuero, del que brota un pito estridente, que estremece desde los ocupantes de un Sprint y quita del camino al unísono, a un motociclista que intentaba hasta hace tres segundos, darle un beso medio suicida, pero preciso de viento, a su novia universitaria. El crepúsculo termina, el viaje nace hacia buenaventura.
Yo hago las veces, de un torpe pero emocionado copiloto, montarse en una Kenwort de la Montaña modelo 2012 de $400 millones de pesos, no tuviera nada de interesante, sino es por los diálogos y maniobras del experimentado conductor Carlos de placa skh 515 de Mosquera, quien lleva ya, 10 años manejando mula, desde que su padre le entregó semejante responsabilidad a un pelado que no quería estudiar, pero si correr motos y manejar carros pesados, en Girardot, Cundinamarca.
El primer obstáculo: la policía piden papeles por todo y esperan plata por nada...
El segundo, los propios rivales, quienes con carga pesada o no, quieren ir a besar de primeros, a la morena de sus sueños, es decir la almohada en un barato hotel del camino, pero que logra un reparador sueño tras jornadas tormentosas de palanca de cambios y cabrillas de genios de la carretera.
Cuatro horas después, pasamos por Pereira, el clima y el tráfico han cambiado, travestis y prostitutas a quienes le llaman ellos "las chuponas" pululan en el camino pero el destino es otro, un sancocho de gallina a las nueve de la noche, una coca cola fría y luego un café más negro que el horizonte, es la mejor recompensa.
Horas después, recorremos una de las mejores vías del país, las del Valle de Cauca, hacia Cali, en la que da hasta gusto pagar peajes de $43 mil pesos, y cargar combustible de $923 mil pesos Diesel; eso demora unos minutos, mientras se consigue otro amargo café uno dos rollos de papel higiénico por las eventualidades del camino, "quien no lo haya hecho en el monte, no conoce Colombia", dice Carlos y entonces se ríe por primera vez.
Pasamos el bello paisaje nocturnal del Lago Calima, sin sospechar quien escribe, el viacruces de una última jornada letal y desconcertarte.
Neblina, túneles a medio terminar, obstáculos sudor y aire de miedo...., carreteras maltrechas y sin fin, terrenos donde no comprendo por la ignorancia de la física, como puede sostenerse un carro con 35 toneladas de carga, sin que se vaya a un precipicio y un conductor extenuado no pierda la concentración. La carretera Hacia el Puerto de Buenaventura es eso, una cloaca como su destino final, y ahí es cuando entiendo a un alto dirigente nacional que de alto no tiene nada, y de nacional menos, quien dijo "en Colombia no hay autopistas hay carreteritas".
Y es entonces, es cuando me pregunto cual TLC, y APERTURA ECONÓMICA? y cuanto cuento chino han inventado nuestros "padres de la patria", para intentar comprender con sentido común, que es el menos común de los sentidos, solo entonces cuando se atraviesa y "corona" esa ruta del salario del miedo y entra a una ciudad triste pero con negros alegres y alcoholizados, pero llena de paisas aprovechados, como diablos vamos a competir con estructuras viales practicamente mortales y atrazadas como las nuestras?.
Y me acordé de una publicidad en tv: "En Colombia los héroes sí existen; Carlos el conductor de -Camila Dos-, es uno de ellos.

Espectacular crónica me encantó, me trajo recuerdos de mi niñez cuando viajaba con mis padres por las carreteras del sur de nuestra colombia, pero en esa época no habian tantas comodidades de poder encontrar algun hotel o estación de servicio, tocaba dormir donde morfeo le daba la gana atacar sin piedad, debajo del camión, mula o carro tanque de turno o en el espacio de los pedales, jajajaj era niña y cabia en cualquier hueco. Recordar es vivir, gracias caballero por su crónica Dios lo bendiga
ResponderEliminarMuy buena cronica, expresa la realidad. además de ser una insuperable experiencia.
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