Las cifras no pueden ser para arrumar estadísticas. Ni para colocarle ganchos y colgar en imaginarios urbanos de políticas públicas que no existen.
En medio del colapso económico de una Europa sumergida en crisis, de Estados Unidos que trata de reinventarse sin éxito para salir de la encrucijada y pegarle a viejos espejismos del pasado: el panorama es caótico.
Las decisiones se aplazan, se enredan, se juega con sus dolores y las cicatrices de familias rotas. El retorno emerge como última instancia.
No basta sumar dígitos. Colombia – sus gobiernos- no han entendido el terrible drama del migrante. El que se va a “buscar mejores horizontes” dejando atrás a sus seres queridos. Es otra forma dura del rebusque, de sobrevivir para trabajar y sacar ingresos estables.
La película tiene nuevos capítulos, nuevos dramas. Más hojas con libretos que no se desprenden de la realidad:
“Las remesas laborales de los risaraldenses en el exterior son cinco veces el presupuesto del departamento y cuatro del de Pereira. Para el año 2005 los risaraldenses en el exterior eran algo mas de 260.000 personas, el 28% de la población calculada del departamento”, lo reivindica Álvaro Rugge Mapi, presidente de Aesco Colombia, en una lucha sin tregua que oferta desde hace años.
Los cálculos derriban los muros más pesimistas pero nadie parece escuchar. El Estado simplemente oye y no afronta porque “presencia no hace”. No hay un Estado doliente.
Propuestas existen pero nadie desde arriba las acoge: “El diferencial cambiario que se les aplica y los costos de transmisión y pago de las remesas bien puede derivar una política fiscal que financie los planes, programas y proyectos que requiere la población que producen esas remesas”.
Al migrante hay que mirarlo distinto. Valorarlo como un nacional y “no solo ser tema de discurso”. De endoso problemático.
“Los retornados no quieren asistencia, dadivas o subvenciones, han aprendido oficios, han mejorado sus capacidades, son en su gran mayoría gente emprendedora que requiere rutas de atención y acompañamiento para acceder a la oferta institucional que se diseñe en su apoyo, para crear sus trabajos, para invertir sus menguados ahorros, para ejercer su responsabilidad familiar y ser útiles a su región”.
El DANE de acuerdo con sus cifras, Colombia cuenta con 3.331.107 ciudadanos y ciudadanas viviendo en el exterior, siendo esta cifra el 8 % aproximado de la población nacional; haciendo un aporte del 1.7% a los cerca de 192 millones de personas que en el mundo están viviendo fuera de su país de origen, lo cual representa alrededor del 3% de la población mundial.
Risaralda en nuestro país, es la región por densidad migratoria, que más personas en el exterior entrega en estas condiciones.
Como lo precisa el documento oficial: “además, somo el territorio que mayor propensión migratoria tiene el país; mientras de Bogotá sale una persona para el exterior, de Risaralda salen 4”.
Pereira, Dosquebradas, Santa Rosa, La Virginia, Santuario, tiene la mayores tasas de hogares con emigrantes en el exterior.
El panorama no mejora y tiende a empeorarse por las altas condiciones de desempleo. España con el 62% Estados Unidos con el 16%, resto de Europa con el 16%, Canadá con el 2% y Argentina con el 1%, sigue siendo centro de recepción de más risaraldenses.
El gobierno nacional no se da por aludido y le escurre el bulto a esta nueva tragedia que parece no interesarle a nadie.

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