OPINIÓN / ¿La culpa es de las vacas o de nosotros?

La semana recién pasada, cuando en dos sesiones del Concejo de Dosquebradas se analizaba la situación de los acueductos comunitarios, en la primera; y en la otra, presentaba su informe de gestión el Contralor Municipal, un señor Concejal mostró su preocupación por que en nuestro sector rural se adelantan explotaciones pecuarias, equinas, porcinas, caprinas, etc. argumentando que la calidad de los suelos no son aptos para tales labores y que, por lo tanto, se deben prohibir por el riesgo de que generen erosión. 

Desconocemos los fundamentos técnicos, porque no los expuso, para sustentar lo anterior y concluir que toda el área rural de nuestro municipio debe destinarse a la agricultura. Decisiones que deben, según él, incluirse en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

En primer término es necesario partir de la premisa de que en nuestra jurisdicción predomina el minifundio y, en consecuencia, en tan reducidos espacios no es posible desarrollar explotaciones pecuarias y equinas significativas. Escasamente se podrá tener la “vaquita lechera” como fuente de nutrición familiar. En lo que respecta a los equinos, la economía campesina no permite tener más de un caballo o una mula para las labores de la pequeña explotación, y eso que nos cabe el beneficio de la duda, dado que la red vial existente -aunque en mal o pésimo estado- no hace necesario que saquen al mercado sus productos a “lomo de mula”. Son muy pocos, desde esta perspectiva, quienes sacrifiquen áreas productivas para su pastoreo.

Todo lo anterior nos ha llevado a varias reflexiones. Trataremos, pues, de esbozarlas.

1) ¿Existe o no la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria -UMATA-, o su similar, en Dosquebradas? La hay, y es a ella a quien corresponde hacer las recomendaciones técnicas sobre la normatividad que se debe incluir en el POT. Por ejemplo, una muy importante: si conviene que se siga sustrayendo el suelo rural, de suyo escaso, para convertirlo en conjuntos cerrados, como se ha venido haciendo; y si es acertado continuar fomentando las fincas de recreo. Esto último, quizás se podría aceptar si se trata de impulsar el turismo rural. Debemos recordar para estos efectos, que Dosquebradas es el segundo municipio más pequeño en su área rural de los otros trece que tiene Risaralda.

2) Los suelos tienen determinantes físicos que señalan cuáles líneas de explotación son las más recomendables según el análisis que de ellos se haga, tales como acidez; materia orgánica y mineral; nutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio; permeabilidad; profundidad de la capa vegetal; estructura y textura, entre otros. Además es necesario tener en cuenta la pluviosidad; la altura sobre el nivel del mar; vientos, nubosidad y luminosidad que determinan la evapotranspiración; disponibilidad de agua corriente; orografía o relieve (% de pendientes), en nuestro caso, predomina la ladera; drenajes naturales, porosidad, nivel freático, etc. Todos estos análisis pueden llevarnos a determinar si hay riesgos de erosión con determinada explotación e, inclusive, cómo evitarla. Además permitiría menores costos al permitir establecer la cantidad y composición de los fertilizantes a usar y la clase de labores culturales se deben aplicar a los suelos para su mejor conservación y mayor producción y productividad.

3) Pero no sólo los suelos deben determinar el tipo de explotación. Es muy importante el factor de comercialización de los productos. 

4) La parte agrícola mal manejada también causa erosión y, además, contaminación y envenenamiento por los insecticidas, fungicidas y fertilizantes que se aplican. Bien sea porque se esparcen a través del viento, o por su contenido en los frutos, o por escorrentía. Por ello, los agrónomos recomiendan dosificar los químicos que se utilicen, separar los envases contaminantes y sembrar contra la pendiente en surcos, barreras o tres bolillos, como popularmente se dice.

5) La explotación pecuaria ha avanzado técnicamente de manera vertiginosa. Hay diferentes clases de gramíneas y forrajes que permiten mantener semiconfinado o confinado un hato, logrando igual o mejor productividad que en pastoreo libre o extensivo. Cuando este se da, pastoreo libre o extensivo, es importante tener en cuenta la capacidad de carga por unidad (cabezas por hectárea); la raza y línea de explotación pecuaria (cría, doble propósito, levante o ceba; bon, holstein, pardo suizo, normando, cebú, criollo, etc.); la clase y calidad de los pastos que siempre deben tener leguminosas como coadyuvantes nutricionales; la adecuada rotación del hato en los potreros; y el control de las malezas, muchas de las cuales nos pueden indicar la condición del suelo. Por ejemplo, la presencia de helechos denota acidez.  

6) En relación con las especies menores (porcinos y caprinos) consideramos que no son nocivos para el medio ambiente ni fomentan la erosión. Claro, depende de la cantidad y de que se les maneje debidamente.

7) Lo que resulta imperativo es capacitar, formar, al campesino tanto en las prácticas agropecuarias como en materia de economía de su micro empresa campesina. ¿Por qué no enseñarles a utilizar el estiércol de sus animales para producir gas metano? ¿Por qué no enseñarles a utilizar, por gravedad, las heces de sus animales para abonar sus cultivos? ¿o los residuos vegetales y/o animales que descompuestos, como compost, sirvan de abono? Y así como estas, hay muchas otras posibilidades de mejorar sus condiciones de vida rural.

RECOMENDACIÓN: No se puede tomar a la ligera la prohibición de tener ganado vacuno y equino en nuestro municipio. El Concejo debe solicitar a la UMATA o su similar, un estudio  técnico que señale las variables y condiciones para su adecuada explotación y un plan de acción que lleve a corregir los actuales errores en las prácticas culturales que resulten contaminantes o generadoras de erosión. Prohibir por prohibir, constituye un craso atentado contra nuestros queridos, abnegados y sufridos campesinos. NUESTRO RESPETO Y ADMIRACIÓN PARA ELLOS. 

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