Donde quiera que haya humanos, habrá conflictos. Inclusive consigo mismo; con mayor veraz en el seno de la sociedad donde interactúan personas de diferentes: caracteres, costumbres, ambiciones y formas de pensar y actuar. Así, pues, la PAZ no es la ausencia total de conflictos, que los hay y siempre los habrá como lo acabamos de afirmar, sino es el saber encauzarlos sin violencia, hablando, discutiendo, exponiendo argumentos y escuchando posiciones diferentes, con respeto por la otra parte. Logrando acuerdos y procediendo con altruismo y filantropía, siempre con miras en un supremo interés de la colectividad en que se encuentren inmersos los individuos. Cada persona es un ser único, transcendente, irrepetible y respetable. Esta condición en colectivo conduce la condición humana a su enésima potencia, la dignifica.
Benito Juárez, eximio mexicano, declarado “benemérito de las Américas”, el 15 de julio de 1867, luego de abdicar el Emperador Maximiliano, invasor francés,expresó ante sus compatriotas en su discurso una frase que aún sigue vigente y resonando en todo el mundo: “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Pero esta frase tan diciente, es necesario complementarla con la parte sustantiva de su manifiesto, que nos llega como anillo al dedo, en nuestra situación:
“Mexicanos: encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, será eficaz la protección de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la República. Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.
Confiemos en que todos los mexicanos, aleccionados por la prolongada y dolorosa experiencia de las comunidades de la guerra, cooperaremos en el bienestar y la prosperidad de la nación que sólo puede conseguirse con un inviolable respeto a las leyes, y con la obediencia a las autoridades elegidas por el pueblo.” (Sic)
Si reemplazamos el término mejicanos por colombianos, encontramos una invitación válida frente al proceso que actualmente se adelanta en La Habana en donde al acordarse la PAZ la únicamente derrotada será la GUERRA y, con ella, los violentos y pendencieros que a ultranza la han venido fomentado, cuando no patrocinando, por ya largos decenios.
Desde 1948 hemos venido sufriendo una guerra fratricida. (“La guerra es el mayor conflicto de Estado, la base de la vida y la muerte, el Taode la supervivencia y la extinción. Por lo tanto, es imperativo estudiarla profundamente”.)1 Tuvimos un corto receso en el gobierno de Rojas Pinilla; y otro en el primer gobierno del Frente Nacional (1958-1962). En mayo de 1964 nacen y se organizan las FARC y el conflicto armado interno se agudiza. Así que acabamos de cumplir 50 años de “toma y dame”. ¿Por qué durante tanto tiempo no se ha logrado la Paz? Porque hay oscuros y sucios intereses entre las partes en conflicto: Estado vs. Guerrillas. Por fin, hoy por hoy, se vislumbra un rayo de luz en tan oscuro y largo agujero negro de la violencia, porque ahora sí existe credibilidad y legitimidad en el Gobierno actual frente a una guerrilla que, a través de la insurgencia, pretendió cambiar,sin lograrlo, los regímenes políticos, económicos y sociales de nuestra patria.
Albert Einstein expresó: “Dios no juega a los dados con el universo”, esto es que el Supremo Hacedor no ha dejado nada al azar; y como autor de la Ley de la Relatividad creyó en que el universo está ordenado y es predecible. Emulando a este científico tenemos que decir: “No juguemos a los dados con la PAZ”. Este momento es único, es histórico, es cuestión de supervivencia de nuestra nación. No podemos permitir que los dados, cargados para hacer trampa, los lancen los consumados tahúres que han sido impulsores o patrocinadores de la guerra fratricida de la que ya estamos hastiados. Necesitamos ordenar nuestro “universo” a sabiendas que la paz es ahora predecible y, sobre todo, posible. Y es posible ¡Ya!
La PAZes una responsabilidad personal que ahora se torna colectiva. O es para todos o para ninguno. El artículo 22 de nuestra Constitución señala: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. Acaso ¿no sentimos, ya no como un precepto constitucional, sino como un sentimiento humanitario, de supervivencia, ese derecho y ese deber de vivir en paz?
Quienes hemos vivido de cerca los flagelos de la confrontación armada interna en nuestra Patria, ansiamos -como quien más- que se nos dé el derecho de vivir en paz y que el Estado y el Gobierno cumplan con el deber de dárnosla, como lo está haciendo el Presidente Santos.
Por fortuna en Dosquebradas no se ha sufrido, en forma directa, las secuelas de la violencia o el Conflicto Armado Interno (CAI). Tal vez ello explique la indiferencia de sus habitantes frente a los diálogos de paz que actualmente se adelantan exitosamente en La Habana. Pero ¿acaso no es temible que el conflicto armado interno que nos azota, invada nuestras calles y campos? ¡También es predecible!
La PAZ no es cosa de poca monta. Hay buena intención de las partes para lograr un acuerdo sólido y permanente. De los cinco puntos convenidos en la agenda para discutir y acordar, tres han sido evacuados. El 60%, lo que es un buen avance.
De otro lado, nosotros los ciudadanos no debemos temer por lo que se llegue a pactar. El Acuerdo a que se llegue en La Habana será -como debe ser- sometido a consideración y aprobación de la nación colombiana a través de un REFERENDO. Ese será el final teniendo en cuenta que “que nada está acordado hasta que todo este acordado”. El asunto es sencillo: si nos gusta lo aprobamos; de lo contrario, lo rechazamos. No son las FARC y ni el Gobierno quienes tienen la última palabra. Somos nosotros, todos los ciudadanos y las ciudadanas, quienes tomaremos la decisión final, ojalá con suprema responsabilidad.
Parodiando al prócer de nuestra Independencia, José Acevedo y Gómez, el “Tribuno del Pueblo”, tenemos que decir: “Si perdemos estos momentos de efervescencia y calor, si dejamos escapar esta ocasión única y feliz, antes de dos meses seremos tratados como parias: veamos las metrallas, las cadenas y las alambradas que nos esperan”.
Así que después no lloremos como niños lo que no supimos defender como ciudadanos. Actuemos con responsabilidad, si no por nosotros, al menos por nuestros hijos, nietos y bisnietos.
De quienes votemos el domingo 15 de junio, depende que la PAZ sea una UTOPÍA (Proyecto, idea o sistema irrealizable en el momento que se concibe o se plantea) o una tangible y próspera realidad.
Por últimos recordemos algunos resultados de la recién pasada contienda electoral, primera vuelta presidencial:
¿Será que permitirán esos 63,36%, 57,8% o 56,15 a niveles nacional, departamental y municipal, respectivamente, que una minoría tome por ellos una decisión tan trascendental como la de la PAZ? ¡Con la PAZ no se juega en las urnas!
Dejamos a los amables lectores con el saludo hebreo: “Shalom” que significa paz, como deseo espiritual; con la expresión árabe “Shalam” para desearles paz; y con la mano tendida y entrelazada con la de ustedes para significar que estamos desarmados y que no queremos la guerra.
1“EL ARTE DE GUERRA” por SUN TZU, filósofo y estratega militar chino.
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