OPINIÓN / Un Pulitzer por un escándalo

Quienes a esta altura profesional, ya somos una fabrica de cansancio y de anécdotas, lamentamos la partida de otro grande y tal vez del último coloso de la era brillante de la gran prensa norteamericana.

Porque los que hemos trabajado en algunas redacciones de agencias de noticias en el exterior y en Colombia, en noticieros de televisión, o en rotativos y emisoras en las denominadas "unidades investigativas", tenemos como ejemplo de valor periodístico al maestro Bod Bradlee.

Sí, el mismo que se ganó el Pulitzer por desafiar el gran poder de la Casa Blanca, con el famoso escándalo Watergate, que tumbó literalmente al Presidente de Estados Unidos, Richar Nixón, cuando aún amanecía la década de los 70.

Puesto que llegó a lo más alto, después de trabajar como simple repartidor de periódicos en Massachusetts, su cúspide la alcanzó en el The Washinton Post, en la época de la hegemonía de una prensa de calidad.

Contaba además con el olfato de dos obreros de periodismo de su sala redacción, quienes abrieron las puertas de esos silencios a los que estamos acostumbrados los inquisidores de la verdad, en medio de una vergonzosa campaña política.

El nuevo periodismo, no está entonces de luto, que va, más bien realizamos una pausa de reflexión, frente al hombre, quien se dio el lujo de mandar "al carajo" al Fiscal General de Estados Unidos, al recibir una citación judicial.

Y de como un simple diario local, se convirtió en referente mundial, porque su olfato por la noticia, era tan obsesivo como en su momento lo fue en nuestro país Yamit Amat, con la era dorada de Caracol Radio, y de quienes tuvimos como reporteros el privilegio de aprender con sus sabios consejos, como su corresponsal en Panamá.

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