Agencia de Noticias RAM
Por: RICARDO RONDÓN CH
Al decir de Horacio Oliveira, en sus escasos instantes de lucidez, producto de sus interminables borracheras en el Club de la Serpiente, podríamos citar que, como el Jazz, Cortázar “es inevitable como la lluvia, el pan y la sal”.
Mentor conciso de su tiempo, revolucionario de la estructura narrativa y de las ideologías, la marca de su Rayuela nos ha dejado una impronta perenne en nuestras vidas, desde que quedamos atrapados en su juego: del cielo, sólo la luz remota del lucero parisino en las noches febriles de la agonía de Rocamadour, entre la niebla y el humo de un ‘Gitane’ a medio apagar, y un vaso de vodka derrotado en el suelo.