La metáfora del fantasma: cada día los directorios políticos se parecen a un fantasma como figuras irreales, imaginarias. Aparecen y desaparecen. Dentro de la cultura chibchombiana: espíritus que vuelan sobre el cascarón de los directorios viejos, desvencijados. No hay nada más anarquista que entrar a una sede política hasta donde la tapa de la olla de los tintos que hierve, suena sin descanso. El ruido de voces en un sinfín extremo y agorero. Bancas desparramadas con ocupantes simulando “cadáveres de cosas”.
Crean atmósferas, ambientes pesados entre la fragilidad de cajas en extensión con hojas de vidas, que se disuelven entre los escritorios.
