Pereira Vs Nacional, crónica de un partido amistoso

Por ALVARO CAMACHO ANDRADE

El pasado sábado parecía un día normal hasta la hora del almuerzo cuando recibí la llamada de mi hijo Juan Alejandro de 13 años. Me dijo "¿Papi tu me podrías acompañar al partido? es que mi mamá no me deja ir si no es contigo". Después de cavilar  unos segundos ya que no tenía idea siquiera que había partido, le respondí positivamente.

Sería una buena oportunidad para compartir unos agradables momentos con mi hijo, además creo que aparte de los partidos del Mundial Sub 20 la última vez que fui a fútbol como espectador aun no se había retirado Maravilla Gamboa.


Juan Alejandro es un muchacho mas hincha de Nacional que Rene Higuita. No se por qué. Ya que no conoce Medellín, pero como muchos pelados de la región aman al verde.

Por mi parte soy más seguidor de Santa Fe que pacheco, Yamid Amat y Daniel Samper juntos, aunque después de los "cardenales" me gusta apoyar al "pereirita del alma".

Me puse una camiseta amarilla y salí a encontrarme con Alejo. Él se puso una camiseta verde sin ningún tipo de insignias.

Me dijo que compráramos las boletas en un expendio cerca de la Gobernación, pero me pareció mejor hacerlo en la taquillas del estadio.

Llegamos a las cercanías del "Monumental" por el lado de Corales faltando casi una hora para el inicio del partido, pasamos Gamma,  y 50 metros antes del estadio había un reten donde dejaban pasar únicamente hinchas del Pereira con boleta en mano, vimos igualmente mas de 50 menores de edad con camisetas del Pereira a quienes no dejaban pasar porque debían entrar en compañía de un adulto. 

Le comenté a un guarda que no tenía boleta, que pensaba comprarlas en las taquillas del estadio. Le noté una risita burlona y me dijo que en el estadio no vendían boletas, que podía adquirirlas en Expofuturo donde las compraban los seguidores de Nacional, pero que no había problema, que fuera tranquilo.

Dimos una larga vuelta hasta Expofuturo donde veíamos más y más hinchas verdes, en su mayoría menores de edad provenientes de “Medallo” pidiendo dinero “para completar lo de la boleta”, con un comportamiento agresivo, discutiendo entre ellos, incluyendo en su léxico muchas palabras con la rr como: coscorria, cacorro, pichurria, chunchurria y una que otra enfermedad venérea como gonococo y gonorrea. La taquilla estaba atestada  de gente, sin una fila formal, un solo auxiliar de la policía ubicado a cinco metros miraba hacia otro lado. Rece todas las oraciones que me sabía (casi ninguna), de chepa logré comprar dos boletas de oriental alta, no sin antes pagar una vacuna de dos mil pesos para quitarme de encima algunos “amigos” paisas.

Corrimos hasta la única fila de entrada habilitada (hay como seis) de mas de cien metros, se sentía el ambiente de las barras de Nacional cantando, saltando y gritando. Cerca de la entrada un hombre en silla de ruedas portaba un cartel que decía: SE CUIDAN CORREAS, y en sus tullidas piernas descansaban unos 50 cinturones (no las dejan ingresar por seguridad, no averigüé cuanto cobraba, pero si era a mil pesos, mínimo se puso unos cien mil).

Igual que a los menores de camiseta del Pereira, a los del Nacional no los dejaron entrar, también eran más de 50. Cuando llegó mi turno, me extrañe porque no me pidieron el cinturón, seguramente pensaron que el pantalón me quedaría como descaderado de mecánico y les dio pena.  Me pidieron la cédula e ingresamos.

Observé la tribuna norte completamente llena de hinchas de Nacional que no paraban de cantar, brincar, levantar los brazos, silbar y gritar. Al lado opuesto en la sur, los del Pereira, muy vistosos, con inflables amarillos y rojo en similar actitud. Todo parecía una verdadera fiesta.

La tribuna oriental baja se dividía en tres sectores, en el sur los del Pereira, en el norte los del Nacional y en el centro aficionados sin ningún tipo de emblema especifico,  revueltos unos con otros al estilo reina antioqueña (hombre con hombre, mujer con mujer etc…), arriba poca gente, pero todos dispuestos a ver fútbol.

Poco antes de la salida de los equipos sonaron (por primera vez) los parlantes del estadio pidiéndole a las barras compostura, buen comportamiento y advirtiéndoles que las cámaras ubicadas alrededor de todo el estadio tenían excelente resolución (como quién dice: se pueden pillar si alguien tiene una pestaña dentro del ojo).

Salieron los equipos, gritos, aullidos, silbidos, trompetas, tambores, aplausos, canticos a sus equipos. Sonó el himno nacional, gritos, aullidos, silbidos, trompetas, tambores, aplausos, canticos a sus equipos. Sonó el himno de Pereira, igual, nada de respeto, la mayoría de los paisas cantaron el himno antioqueño.

El primer tiempo fue tan malo que me puse a observar las barras y me pareció que Nacional tenía mejor música que fútbol, hasta el minuto 45 cuando un negro grandote y ágil marcó el primer gol de nacional. Segundos después de terminado el primer tiempo intentamos bajar a tomaros algo, pero abajo en los pasillos se iniciaron los enfrentamientos entre seguidores. Cuatro policías trataban de evitar que los del Pereira pasaran una barrera para agredirse con los verdes. Unos hinchas locales gritando verrrde, verrrde, maricas, maricas, etc. Lograron pasar la barrera y se trenzaron a golpes con algunos verdes, quienes fueron separados por la llegada de los robocops. Vimos muchos adolescentes que parecían drogados, empujarse entre ellos, como en un ritual, incluso mujeres que incitaban a la agresión sin importarles la policía.

Subimos de nuevo y por segunda vez en los parlantes recomendaban compostura y se amenazaba con la excelente resolución de las cámaras, mientras tanto una gran pelea se armó en la tribuna oriental al costado norte, con hinchas heridos, golpeados con los bastones de la autoridad o caídos por las graderías. Otra pelea se armo momentos después en el sector opuesto con policías golpeados y rodeados por gente seguidora del Pereira, hasta la llegada del escuadrón Smart que los dispersó momentáneamente.

El partido continuó sin pena ni gloria, Pereira empató en los primeros minutos, lo que hizo que los seguidores de Nacional hicieran mas bulla. Promediando el segundo tiempo un jugador verde con apellido masturbador (Pajoy) metió el segundo y finalizando Avilés concretó su segundo tanto para dejar el marcador definitivo 3-1. Vi que muchos asistentes salían del estadio faltando 15 minutos y le comenté a mi hijo que me parecían muy bobos, que se perdían gran parte del partido (si lo hubiera sabido).

Cuando terminó bajamos en tumulto por las gradas en una oscuridad total, pero las puertas se encontraban cerradas y poco a poco se acumulaban los aficionados que empezaron a protestar, obligando a que las abrieran.

A la salida volví a ver al hombre de la silla de ruedas rodeado de descalsurriados reclamando su cinturón y nos dirigimos a la vía que conduce a la iglesia de Gamma.

Vimos pasar junto a nosotros a unos muchachos que portaban cuchillos, y a algunas de las muchachas que alborotaban en los pasillos, buscando enfrentamientos o huyendo de la policía.

Ingresamos a tomar algo en la cafetería La Viña y al rato escuchamos un alboroto por lo que el administrador cerró el negocio donde nos refugiamos junto con otros “civiles” y dos damas guardas de transito. Eran unos hinchas del Pereira corriendo desaforadamente, perseguidos por la policía, una pelada de unos 16 años con un palo en la mano rodó aparatosamente en el pavimento y quedó muy raspada y golpeada, vimos muchos jóvenes con armas blancas y a un tipo en moto que les avisó a otros donde estaba el bus del Nacional.

Poco después llegaron una tanqueta, los Smart y algunos carabineros, sin embargo los hinchas se dispersaban y al rato volvían a juntarse. A las siete de la noche, después de escuchar la explosión de los gases lacrimógenos, de ver persecuciones, caídas, gente dispuesta a utilizar armas blancas, heridos y las versiones de que los seguidores de Nacional se habían tomado el intercambiador del aeropuerto, de atracar y atacar a la gente, pudimos abordar una buseta que se internó en Cuba y desde la cual pudimos estornudar y llorar por los efectos del gas lacrimógeno en San Fernando y ver un muchacho con camiseta verde con la cabeza rota, botando sangre, pero que nos llevó a nuestro destino en Providencia. Dejé a mi hijo en la casa y me dirigí a Dosquebradas.

Cuando pasaba por el CAM vi a unos 30 hinchas de América rodeados por la policía, gritaban y sacudían sus trapos rojos.

La próxima vez que mi hijo me diga que lo acompañe a futbol le diré. !!!Ponte mas bien a estudiar que vas perdiendo química¡¡¡

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