El partido de la U creció de manera inesperada en Risaralda, hasta convertirse en un reconstituyente político. Cuenta con 8 años y es un partido que en la región no le quieren dejar apagar las velas.
Vean: pegó en el timonazo dado a su orientación para la triunfadora gobernación del médico Carlos Alberto Botero, derrotando las opciones liberales y del partido conservador. El médico Botero fue emboscado por ciertos viejos amigos de su entrañable travieso partido liberal: su respuesta fue contundente al aplicarse con UNIR, 127.168 votos, un categórico triunfo.
De hecho es accionista del gobierno del Risaralda. Pellizcó 3 alcaldìas (La Celia, Pueblo Rico y Santuario) y sumó una cuarta – este si el moño del regalo electoral – con ganar la de Pereira (el 52 por ciento del potencial electoral, lo que es considerado bueno, en un país donde las minorías siguen mandando), donde seguro mató a confianza (69.809 sufragios, que representaron un 40 por ciento del total de la votación).
Para la alcaldía tiene cerca de 10 aspirantes: Elsa Gladys itinerante por estos días y de muchas reuniones en Pereira y Juan Carlos Valencia como los “extraños” y póngale 8 más entre funcionarios públicos de bajo y medio pelo y concejales de casa que han hecho carrera de lealtades, firmeza y aguante dentro del partido.
El senador Soto es consciente que la escogencia del mismo será de alta responsabilidad.
En la pasada contienda para la alcaldía, hubo un trabajo denodado, de alta cirugía política que no se le podrá desconocer al economista Israel Londoño que se jugó entero por esa causa. Sin dobleces y tacañería. Un fogonero electoral sin par. La gente se pregunta hoy quién ha gobernado mejor de la ¿dupla Londoño – Vásquez?
Londoño, hoy tiene una vigencia considerable, notoria. Una cosa es una Cámara con su nombre y otro sin su figura cuajada en el trajín político que conoce de sobra.
Es seguro, que como mínimo, la U no quiera dejarse quitar la alcaldía y sea uno de los suyos que los represente en una alianza de filigrana y perfecta. El senador Soto sabe apretar clavija y medir tiempos sin extravagantes socios que le apliquen la dolorosa y extrema “puñalada marranera”.
Alianza, que, es decir, implique triunfo en la gobernación con uno de sus socios políticos.
Fuera del senador sólido, le sigue en esa estructura de poder el ingeniero Burgos Ramírez Didier, quien de seguro elevará de manera notoria su votación pasada. Para eso está trabajando y es referente. Nadie le discute su ascendencia. Tampoco el liderazgo que como gerente político se ha ganado en los Ministerios y en el propio Congreso donde ha brillado con capacidad probada.
Dentro de estos años de partido robusto, las cuentas de 3 diputados que hacen presencia en Risaralda y donde José María Rosero y JJ Arias Henao, son gratas revelaciones por no claudicar con su empeño poderoso de la palabra ni se han dejado amilanar por brillos opacos del pasado. Todavía se preguntan hoy si este año la Asamblea tuvo presidente o un corregidor menor de la política que recibía órdenes de todos los costados, como inspector de vereda o comunal en trance encartado con un falso protagonismo.
En la capital, amén del ejercicio regado en cuanto camino municipal existe, la U, hace sentir su voz de apoyo a las causas del gobierno y se sacude del delirio de quienes anhelan el poder real. El pragmático. El que depara las urnas y no el arrebato de que todo tiempo pasado fue mejor.
Cuenta con comuneros y líderes empotrados en veredas y debajo de las piedras que no se van a dejar mover fácil.
Está la organización construida y como lo reconoce el propio presidente Soto, falta mucho por mejorar y ojalá en esos ajustes “no se vayan a descobijar” porque mucha es la responsabilidad que tienen para con la región si son laxos y “nada preventivos”.
El partido de la U no puede ser un partido macrocéfalo: gordo, barrigón pero sin cabeza. La ruta la trazan sus dirigentes. Igual que sus victorias y derrotas.
¿Cuánto más les durará el poder?
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